Cosas que no hacer con los ahorros de toda una vida

Maruxa Alfonso Laya
M. Alfonso SANXENXO / LA VOZ

PONTEVEDRA

RAMON LEIRO

Tres vecinos cuentan cómo arrancó su pesadilla después de que su caja les vendiese preferentes

21 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Martínez dejó su Portonovo natal para ir a navegar con solo 25 años. Hasta los 60 estuvo trabajando en Holanda, embarcado. Lo suficientemente lejos para no poder ver crecer a sus hijos. Cuando se jubiló volvió a casa con unos ahorros debajo del brazo. Y le pidió a su banquero de toda la vida que le buscara «un produto sen risco e co capital asegurado». Su historia es la misma que la de muchos de sus vecinos, la de muchos de los que residen en la comarca arousana y que estos días están encerrados en el Concello de Sanxenxo para exigir que les devuelvan sus ahorros.

Manuel comparte mesa con Josefina Suárez, de Ribadumia. Con sus ahorros de toda la vida esta le compró un piso a su hijo. Pero dejó una parte sin pagar. Ahora no puede arrepentirse más de esta decisión. Su hijo se ha quedado en el paro y ella ya no tiene el dinero para hacer frente a lo que falta de hipoteca. Y cada vez que lo piensa no puede evitar enfadarse. «Se lle levan o piso ao meu fillo e eu non podo sacar os cartos para axudalo vai haber sangue», dice esta vecina de 54 años de edad.

El arbitraje

Josefina luce una de las camisetas rojas que identifican a los afectados por las preferentes y no le convence el arbitraje porque «funciona para catro amigos. Ninguén sabe os criterios polos que chaman á xente», explica. La misma camiseta lleva también José Manuel Carballa, de Vilanova. La historia de su vida consigue cautivar a todos los que están a su alrededor. Se marchó muy joven a trabajar a Francia y, desde allí, entró de ilegal en Alemania. Las autoridades de ese país lo deportaron y terminó en Holanda, donde lo contrataron en una plataforma petrolífera. Un trabajo que le llevó a recorrer medio mundo. Volvió a casa pero, en los ochenta, «non había traballo ningún de albañil». Por lo que un día, jugando una partida de cartas, decidió marcharse a Estados Unidos. Tres días después aterrizó en Nueva York y allí trabajó de ilegal durante años.

Lehman Brothers

«No 2004 tiña todos so cartos en dólares e en Estados Unidos e empezaron a dicirme trainos para aquí que mira o que pasou con Lehman Brothers», relata Carballa. Así lo hizo. «O tipo de Lehman Brothers polo menos vai chupar cincuenta anos de cárcere. Aquí son todos un fato de ladróns e a ver a cantos xulgan», se pregunta. Cuando vio lo que estaba pasando con las preferentes «vou mirar o contrato e vexo que pon o ano 2050», se lamenta.

La historia de José Manuel la escucha también Rosana Balboa, que está allí por su madre, Carmen Medrano. La mujer se quedó viuda con 27 años y logró sacar adelante a sus dos hijas. «Sacrificou toda a súa vida por nós», recuerda ahora. Aún así, logró ahorrar un poco. Y en vez de poder vivir ahora de forma desahogada, está volviendo a privarse de todo. «Non se pode permitir gastar en nada», afirma Rosana. El banco se ha quedado con sus 51.000 euros. También con el dinero de Lidia, otra vecina que hoy no está pero de la que todos saben su historia. Porque no solo invirtió sus ahorros. También los de sus padres y hasta los de su hijo de diez años. «O rapaz chegou con dez euros ao colexio e acabou cambiándoos por cromos. Dixo que así ninguén llos podía roubar», relata otro de los presentes. No fue a sus padres pero sí a su hija a quien Manuel Martínez metió en esto de las preferentes. «Tiña os aforros nun banco virtual e díxenlle que ían estar máis seguros no banco de toda a vida. Agora atópase con esta papeleta das subordinadas», añade.

Lo que peor llevan los protagonistas de todas estas historias es la incertidumbre. El no saber qué va a pasar y las versiones contradictorias que bancos y políticos les ofrecen según el día. Una mañana se despiertan con que el banco va a incrementar los arbitrajes. Pero minutos después oyen al ministro de Economía, Luis de Guindos, que va a comenzar el canje de las preferentes. Por eso no cejan en su lucha. No, hasta que se les devuelva lo que es suyo.

testimonios afectados por preferentes