Miles de pontevedreses tomaron la calle para ver el paso de la cabalgata de Reyes
06 ene 2013 . Actualizado a las 06:59 h.Miles de pequeños recibieron ayer a sus Majestades de Oriente con caras sonrientes y expectantes, gritos de emoción y mucha, mucha ilusión. Melchor, Gaspar y Baltasar volvieron a llenar las calles con niños y adultos que disfrutaron de la cabalgata de Reyes que avanzó desde Loureiro Crespo hasta la Alameda. La comitiva real repartió una tonelada de caramelos, aptos para celíacos, en lo que sirvió como antesala de la jornada festiva de hoy, cuando en muchos hogares los pequeños disfrutarán de los regalos por los que llevan semanas suspirando.
Bastante tiempo antes de la salida, Benito Corbal, Peregrina, Michelena y la praza de España eran un hervidero de gente. Cualquier sitio valía para poder tener la mejor perspectiva a la hora de divisar a los Reyes y en algunos tramos llamaba la atención ver el centro pontevedrés con colas de sillas infantiles aparcadas mientras sus pequeños ocupantes se situaban en primera fila de la acera para estar cerca de sus héroes. Ventanas, altillos e incluso las rejas del Hospital Provincial sirvieron de apoyo para los más impacientes, que no querían perderse su minuto de gloria cerca de sus Majestades.
La cabalgata fue muy vistosa y la abrieron un coche de los bomberos de Pontevedra y heraldos a caballo. Luego pasaron las carrozas del Capitán Garfio y del Oso Panda. Camellos cargados con fardos de regalos anunciaron la inminente aparición de sus Majestades de Oriente.
Los Reyes Magos saludaron desde tronos profusamente decorados con motivos orientales como una esfinge, un toro y otro ser mitológico egipcio alado. Los tres se prodigaron lanzando caramelos en medio de los saludos de una gran multitud de pontevedreses entusiasmados.
Entre carroza y carroza, malabaristas, percusionistas, zancudos, gigantes y cabezudos amenizaron la tarde, recibiendo el aplauso de los presentes. La aparición en la comitiva de un grupo de dragones asustó a algunos y divirtió a la mayoría. A su término, tocó la hora de regresar al hogar, acostarse pronto y esperar al amanecer para abrir los regalos de la noche más mágica del año.