Acechados por las gaviotas

Patricia Calveiro Iglesias
P. Calveiro PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

Tres obreros combaten a 9 metros de altura contra los picotazos de una pareja de patiamarillas que anidó en el techo que están reparando

08 jul 2012 . Actualizado a las 06:58 h.

Trabajan a nueve metros de altura. Llevan casco, arnés de seguridad, guantes y botas de suela antideslizante. Sin embargo, toda esta protección de nada les sirve contra lo que se ha convertido en su peor enemigo en el trabajo: una pareja de gaviotas que ha anidado en el techo que están reparando.

Los tres trabajadores de Construcciones Convigal S.?L. llevan soportando los picotazos desde hace unas tres semanas, cuando comenzaron las labores en el tejado de un edificio ubicado en pleno centro de Pontevedra -haciendo esquina entre la plaza de Ourense y la de La Peregrina-. «Se lleva esto peor que los días de calor abrasador o de mal tiempo», afirma uno de los empleados, que en los últimos días ha soportado jornadas a más de treinta grados y las lluvias de este verano inglés.

La pareja de gaviotas anidó a finales de la primavera en la azotea que está en reparación para dar a luz a dos pichones. Ahora defienden a sus retoños de los invasores, protagonizando escenas dignas de la famosa película de terror de Hitchcock. Unas imágenes, por otra parte, cada vez más frecuentes en la ciudad del Lérez, en donde la población de estas aves ha ido en aumento para desgracia de hosteleros y ornitofóbicos.

El último estudio hecho por el Concello pontevedrés sobre este fenómeno cifraba solamente en los tejados del centro histórico más de setenta nidos de gaviotas patiamarillas, una especie propia de las Illas Atlánticas que ha migrado no solo a las localidades costeras, también a las del interior. El problema llegó a reunir un millar de firmas en Pontevedra hace tres años, a raíz de una iniciativa popular que solicitaba el control de la población aviar. El Concello encargó entonces un informe técnico en el que se concluía que las colonias de pájaros de la ciudad estaban controladas y no era necesario llevar planes para regularlas.

A pesar del peligro e incordio que entrañan, los peones se han resignado a su presencia. «Isto é algo habitual para nós. Xa estamos acostumados a vérnolas con elas en calquera sitio que vaiamos», afirma José Lores, jefe de la empresa de construcción. «O que non podes é atacalas, porque senón veñen en manada para defendelas», continúa José, quien pese a todo reconoce que, por fortuna, nunca han llegado a salir heridos o a sufrir percances a causa de las patiamarillas.

Pero no solo el sector de la construcción se ve repercutido por la presencia de estos pájaros. Los hosteleros de la ciudad también tienen que convivir con un problema que se agrava con la llegada del verano. En esta época es cuando se saca rentabilidad a las terrazas. Sin embargo no solo los turistas acuden a ellas, las palomas y gaviotas también disfrutan de la llegada del buen tiempo.

Pérdidas económicas

David Castro, propietario de una terraza en la plaza de A Verdura, asegura que la presencia de «as ratas do aire» le llega a ocasionar pérdidas económicas. «Nós cando se marcha unha persona da mesa temos que ir correndo a recoller porque senón rómpenche a louza. Hai días que che rompen tres ou catro pezas de vajilla nunha soa mañá», apunta el hostelero pontevedrés.

Además de ello, señala la molestia que suponen para los turistas y vecinos, hasta el punto de que muchos deciden no acudir a su terraza a causa del ingente número de pájaros que se concentran en la plaza. «Eu non pido que se exterminen, pero sí que se controle isto», expone Daniel, que considera que en los últimos años se ha disparado el fenómeno.

Picotazos, defecaciones, graznidos... Es el viacrucis particular que hay que soportar estoicamente en algunas zonas del centro de la ciudad.