Mariano Rajoy Sobredo también pasó la jornada electoral y siguió el escrutinio de los votos rodeado de amigos, pero en Pontevedra.
Aunque sus hijos intentaron convencerle para que viajara a Madrid y celebrar allí la victoria, prefirió quedarse en la ciudad con su «pandilla» de toda la vida, algunos nonagenarios como él, con los que casi todos los días comparte tertulia en el Hotel Rías Bajas.
Después de votar en el colegio Salvador Moreno, por la tarde disfrutó de una agradable velada en casa de sus íntimos, el ginecólogo Alfonso Casas-Córdoba y su esposa, María Luisa Losada, donde se juntaron también Rosita, viuda de Lafuente y Nené, viuda de Lis, otros de sus grandes amigos.
Pasó la tarde tranquilo, siguiendo el escrutinio por la televisión y cuando ya se confirmó la abrumadora victoria recibió la esperada llamada telefónica del nuevo presidente electo del Gobierno. En el hogar de los Casas-Córdoba, todos sabían que al primero que llamaría Mariano Rajoy sería a su padre y estaban muy pendientes del móvil.
Emocionado
Según fuentes próximas a sus amigos, se emocionó mucho cuando oyó el primer discurso que pronunció su hijo antes de salir al balcón de Génova y no ocultó la enorme satisfacción que supone para él verle alcanzar el máximo objetivo en la política española.
Con su nuera Elvira y con el resto de sus hijos también tuvo oportunidad de hablar telefónicamente a lo largo de la noche y cuando ya regresó a su domicilio, pasadas las once de la noche se encontró delante de la sede provincial del Partido Popular con Teresa Pedrosa, Rafael Louzán y otros miembros afiliados que estaban celebrando el triunfo con banderas con la imagen del Rajoy ganador.
Ayer lunes, Mariano Rajoy Sobredo siguió con su rutina de siempre y en uno de sus paseos por la ciudad declaró a este periódico su satisfacción: «Estoy muy contento por él y porque se lo merece», señaló.
Padre e hijo esperan poderse dar muy pronto el abrazo que tienen pendiente, como muy tarde, en las próximas fiestas navideñas.