Sidra en Silgar y carbón en el Lérez

xabi otero / nino soto PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Pontevedra y Sanxenxo escenificaron el domingo el mundo al revés al cruzar sus objetivos

10 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El mundo al revés. Con esa frase se podría resumir lo que sucedió el domingo en el fútbol de la comarca. Pontevedra y Sanxenxo cruzaron sus objetivos y la próxima temporada coincidirán en Tercera División cuando la lógica invitaba a pensar que seguirían separados por un océano.

Sin embargo, el conjunto granate remó hacia atrás y tomó el camino contrario a la fase de ascenso a Segunda para culminar el desastre ante el Guadalajara. Mientras, en Nigrán se consumaba el milagro contrario.

El Xuventú, con un modesto plantel confeccionado para lograr la permanencia por tercera temporada consecutiva en Preferente, desataba la locura entre sus aficionados al recuperar un lugar entre los grandes del balompié gallego. El sueño de uno, militar en el escalafón más bajo del fútbol nacional, se convirtió en la pesadilla del otro. Y claro, hubo fiesta en Silgar y entierro en la ciudad del Lérez.

El varapalo del Pontevedra se empezó a vislumbrar desde la pretemporada. La marcha de futbolistas clave como Alejandro Vázquez, Víctor Bravo o Iván Malón, que pretendían quedarse, fue la mecha que prendió la llama del fracaso.

En los amistosos quedó patente que el Pontevedra había perdido su estilo de juego, carecía de patrón en el centro del campo, de jugadores para desbordar por banda y una alarmante falta de pegada. De ahí, que Portonovo, Cambados o Ribadumia lo pusieran contra las cuerdas.

Las primeras jornadas de liga confirmaron los temores y el equipo se metió abajo, de donde ya no pudo salir por muchos y variados errores, dentro y fuera del terreno de juego.

Era cuestión de tiempo que el Pontevedra acabara pagando sus osadías con el descenso, y este llegó el domingo. Pasarón asistió a la defunción parcial del equipo, con un esperpento innecesario, que dolió en el alma a los seguidores más incondicionales, quienes todavía confiaban en la quimera de la salvación.

La pasión les impedía ver que iban a asistir al desenlace de una muerte anunciada, tras la derrota sufrida ante el Leganés en Butarque. La permanencia estaba imposible, pero los acérrimos granates se negaron a aceptar la realidad y el derrumbe moral fue mucho peor.

Pero eso tampoco supuso ninguna sorpresa porque la encuesta realizada por La Voz a tres días del presumible desplome arrojó un inesperado 35% de hinchas que seguían creyendo en el milagro. A estos se le desgarró algo por dentro cuando el Guadalajara sentenció definitivamente el encuentro con el 1-4.

En el polo opuesto, el Sanxenxo, que solo aspiraba a mantener la categoría, acabó ascendiendo a Tercera División. Con gente de casa, joven, un presupuesto modesto y ganas, muchas, ganas, el equipo salió en busca de los 50 puntos que le garantizarían la permanencia en Preferente Sur y se vio, todavía a falta de dos jornadas, ascendido a Tercera.

«El próximo año jugaremos contra el Pontevedra, desgraciadamente», señaló el entrenador amarillo. «Lo digo con sentimiento porque somos de aquí y no queríamos que pasara esto», añadió.

Pero por Sanxenxo también podrían pasar en la próxima campaña otros históricos del fútbol gallego, como son el Racing de Ferrol y Ourense. Los dos jugarán la fase de ascenso a Segunda B. Y todo ello a pesar de que Sanxenxo «es barcos y playas, ya que este no es un lugar donde el fútbol está muy arraigado», precisó el entrenador del Sanxenxo, que regresa a Tercera trece años después.

Calucho sostuvo que si el éxito de sus pupilos ocurre en otras poblaciones con más tradición futbolística, «el pueblo se volcaría con ellos».

Pero el míster quiso restar importancia al papel que protagonizó a lo largo de la temporada, y sostuvo que el ascenso «es mérito de la plantilla. El grupo es extraordinario». De hecho, el técnico aseguró que «nos dejaron entrar en el baile, bailamos, y cuando apretaron los zapatos, tiramos con ellos y seguimos bailando, y aguantamos hasta el final». Los futbolistas amarillos aguantaron hasta el ascenso. «Los jugadores todavía no son conscientes de lo que lograron», sentenció Milucho.

El sueño de uno de militar en Tercera División se convirtió en la pesadilla del otro