Cooperación mutua

El padre le enseñó a ser solidaria. Y la hija fue después quien le acabó convenciendo para implicarse en la oenegé en la que ambos colaboran


pontevedra/la voz.

María Conde Dice María que fue su padre quien desde pequeña le inculcó el mundo de la solidaridad y las causas justas. «Fue una herencia directísima de él», apunta. Pero después fue ella quien le implicó a colaborar más activamente en la cooperación a través de una oenegé, en concreto Solidaridad Internacional, la organización que ella y Alberto García Cerviño -ambos promotores también de Xuventudes Socialistas de Pontevedra- asentaron en Galicia hace algo más de una década.

«Me acuerdo que ya desde muy jovencita empezó con esto -apunta Eladio Paz-. Nosotros tenemos una casa de verano en Beluso (Bueu), y muchas veces tenía que traerla a Pontevedra porque organizaban actividades. Me llamaba siempre la atención que en vez de quedarse con sus amigos de la playa y salir, prefería venir. Y así poco a poco me fueron metiendo ya desde ese momento». Hasta el punto de que hoy es un voluntario más de los que atiende la tienda de comercio justo que la oenegé tiene en las galerías entre la calle Oliva y Gutiérrez Mellado. Pero no solo eso, él mismo coordinó los trabajos para amueblar este local y los de los otros dos que SI tiene en A Coruña y Ourense. «Como organización con recursos limitados -explica María-, lo que hacemos es optimizar. Con coste mínimo hacer todo lo que se pueda. Y en estas tiendas pues por ejemplo amigos arquitectos nos hicieron el diseño. Mi padre, como es lo que podemos llamar un manitas, transformó estas ideas en realidades haciendo los muebles. Y fue como el jefe de obra que coordinó a todos los voluntarios para poner yesos, pladur... Al final fue un trabajo precioso e intergeneracional». Y a ello, como reconoce Eladio, le ha dedicado «unas pocas de miles de horas».

En el caso de María, la cooperación se convirtió además en vocación profesional y en la actualidad ocupa la dirección de la oenegé a nivel gallego, con la coordinación de las tiendas y los distintos proyectos. Así que en casa, raro es el momento en que no se hable de SI. «Hablamos constantemente de estos temas, a veces incluso nos planteamos aparcar un ratito SI, pero es muy complicado, porque al final la oenegé también es una ideología, que se manifiesta en cualquier conversación de cualquier cosa», advierte. Para evadirse, optan a veces por la pesca submarina o la bicicleta, las otras aficiones que también comparte esta pareja.

La hija ha visitado proyectos que la oenegé ha desarrollado en países como Bolivia, El Salvador, Guatemala, Mozambique o Uganda. Es una forma, de compatibilizar cooperación con ocio, «porque en realidad son el tipo de viajes que te gustan». Como experiencia personal, destaca la temporada que pasó Guatemala, en la que además le pudo acompañar Eladio, «porque fue una experiencia compartida muy emocionante». Pero las imágenes más duras que lleva hasta ahora en la retina son las de los campamentos de los refugiados saharauis. «Es la vida en el desierto, en un lugar inhóspito, con temperaturas extremas, con cero alternativas laborales, de ocio y demás, lo convierten en un lugar muy duro y difícil», apunta.

A pesar de todo, María destaca lo «gratificante» de este trabajo y afición común. «Primero porque en tu día a día estás contribuyendo a hacer algo en lo que crees y que mejora las condiciones de vida de los que te rodean y segundo porque la gente con la que trabajas es gente con la que compartes inquietudes e intereses, no siempre es fácil». Y a pesar de esas miles de horas, ella reconoce que no se le ocurriría «hacer nada mejor con mi tiempo».

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