La rehabilitación del antiguo café en la plaza de A Ferrería se ha convertido en una larga pesadilla que vuelve a amenazar con frustrarse definitivamente
26 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Los pontevedreses han pasado en apenas tres años de la indignación por el abandono del antiguo bar Savoy, a la satisfacción por el anuncio de su ansiada rehabilitación y ahora a la decepción por el parón de unas incipientes obras. A este paso y si nadie lo remedia habrá que conformarse con el decorado medieval que por la Feira Franca oculta las entrañas de este inmueble.
El compromiso adquirido por José Ángel Francisco Araújo, arrendatario y promotor de la restauración del edificio para reabrirlo como local de hostelería, no ha pasado de la demolición. Al parecer, la empresa que contrató para ejecutar las obras de reconstrucción lo ha plantado por supuesto impago. El parón percibido este verano tras el desmontaje de la estructura interior, ya presagiaba lo peor. La explicación que dio el citado promotor al Ayuntamiento fue que ha tenido que cambiar de empresa constructora. Pero en la concejalía de Urbanismo, ya no se fían y amenaza con reactivar el expediente de caducidad de la licencia que le fue concedida en su día.
La pesadilla del Savoy dura ya siete años, cuando lamentablemente empezó a convertirse en un símbolo de degradación urbanística en contraste con su entorno monumental de A Ferrería.
El viejo café cerró sus puertas en el 2003 y a partir de ahí empezó su progresivo deterioro hasta la más absoluta ruina, impasible ante las duras críticas y lamentos ciudadanos y los requerimientos del Concello a los propietarios del inmueble para que lo adecentaran.
El edificio y la casa inmediata donde estaba el comercio de Pedrosa, con fachada a la Peregrina, fue vendido en los años 90 por la familia Trigo-Menlle a una sociedad vinculada al promotor Benito Malvar. Tras esa venta siguió funcionando como cafetería hasta que sus antiguos arrendatarios clausuraron el establecimiento por falta de disponibilidad para seguir atendiendo el negocio.
Hubo varios intentos infructuosos de volver a dar uso comercial al local y los nuevos propietarios acabaron alquilándoselo en junio del 2007 al empresario afincado en Madrid y natural de Bueu, José Ángel Francisco Araújo, que pretendía rehabilitar el edificio para montar una cafetería delicatesen. El proyecto fue presentado en el Ayuntamiento en febrero del 2008 y un año después, en junio del 2009, se le otorgó la licencia.
Habían pasado tres meses desde la concesión del permiso, cuando la concejala de Urbanismo, Teresa Casal, visiblemente enfadada por el retraso en el comienzo de las obra, lanzó el primer mensaje de advertencia al empresario, quien poco después se comprometió públicamente a iniciar los trabajos antes de finalizar el año 2009 o a principios del 2010.
Pero la obra siguió demorándose sin que el promotor diera señales de vida hasta que en febrero de este año saltaron todas las alarmas. El Concello decidió entonces iniciar los trámites de caducidad de la licencia, una vez transcurridos más de siete meses sin que arrancase la ejecución del proyecto.
Ejecución urgente
El procedimiento vino acompañado de una orden de reparación urgente del inmueble por motivos de seguridad y para prevenir un riesgo de desplome por las condiciones de absoluto deterioro en las que se encontraba el Savoy, acreditadas por los técnicos en un exhaustivo informe.
Dicha orden fue dirigida al propietario del Savoy como responsable legal de la edificación, aunque fue el empresario-arrendatario el que atendió a medias el requerimiento municipal y procedió en el mes de marzo a vallar el edificio, al tiempo que presentaba alegaciones contra la caducidad de la licencia para la rehabilitación integral del inmueble.
En su recurso se comprometía nuevamente a reactivar el proyecto e iniciar las obras en el plazo de un mes. El Concello decidió darle un cierto margen de confianza. Un cartel de obra, colocado en el mes de abril, devolvió la esperanza de que de que la reforma saliera por fin adelante, pero hubo que esperar casi otro mes para ver algún movimiento.
Los trabajos de demolición interior arrancaron por fin el 5 mayo. Se retiró el tejado y las ventanas y se vació por completo el inmueble, dejando solo los muros de la fachada.
Durante el verano llegó de nuevo el parón. Crigal, la empresa que ejecutó el derribo, acaba de comunicar al Concello que se ha desentendido por completo del proyecto por motivos económicos y el promotor, supuestamente, estaría buscando o ya habría contratado otra constructora para poder continuar la obra.