El responsable de la Unidad de Droga y Crimen Organizado asume que el galardón de Amigos de Pontevedra es un reconocimiento a toda la plantilla
07 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«Un poco abrumado». Así reconoce sentirse Jaime Iglesias (Allariz, 1949), comisario de la Unidad de Droga y Crimen Organizado, a escasas horas de recibir el galardón de Amigos de Pontevedra. Un premio que, deja bien claro, recibe «más que como Jaime Iglesias, como comisario de la Udyco, y lo aceptó en nombre de todos mis compañeros. Yo soy Jaime Iglesias en Pontevedra, pero muy pegado a mí está mi condición de policía. Seguro que sería mucho menos conocido aquí si no fuera policía. Creo que no es solo un reconocimiento a mi persona, sino a la organización para la que trabajo».
-¿Qué sensaciones tiene un ourensano premiado por Amigos de Pontevedra?
-Ante todo, agradecimiento, tanto a Amigos de Pontevedra como la proponente, que lo hay y creo saber quien es. A veces vienen compañeros de fuera, salimos por ahí y, según vamos por la calle, te vas cruzando con gente que te conoce. A mí me gustan las localidades como Pontevedra, no las grandes ciudades. A donde voy me gusta conocer a la gente.
-¿A quién le sorprendió más, a su mujer o a usted?
-No sabría decirlo. Cuando me llamaron para decírmelo me sentí muy sorprendido porque no se me había pasado por la cabeza que pudiera estar en ese colectivo.
-¿Este premio al estar concedido por un colectivo ciudadano se recibe de otra manera que una medalla o una distinción profesional?
-Sí. Eso lo pensaba ayer -por el jueves-. Cuando te dan una distinción en mi empresa, te puedes colgar un referente en el uniforme. Por este premio, no lo voy a poder hacer, pero, con seguridad, lo llevará mucho más dentro de mí.
-En cuanto a su campo profesional, ¿cuál es la situación del consumo de estupefacientes en la calle?
-Ha bajado la percepción del riesgo del consumo de drogas. Tal vez la razón fundamental es que aquellos chicos que veíamos, los heroinómanos tirados por la calle, ya no están. Al modificar el sistema de consumo no se produce ese deterioro físico y, pese a que el riesgo sigue existiendo, ya no lo percibimos de la misma manera. Me preocupa, no como policía sino como ciudadano, esa bajada de la percepción del riesgo. Un dato, en 1994, en una estadística del Centro de Investigaciones Sociológicas, el consumo aparecía como segundo problema, hace poco estaba en el 21.
-¿Y el consumo sigue aumentando?
-El consumo está ahí. Es cierto que en alguna estadística figura que un año superamos a Estados Unidos en consumo de cocaína, pero también es cierto que somos de los países que medimos con rigor. Habrá otros países con mayores consumos pero ese control no se hace con tanto rigor.
-¿Cómo va la lucha contra el narcotráfico?
-En los últimos años, a raíz de la estrategia que venimos utilizando, hay un mayor número de aprehensiones, se han descabezado organizaciones criminales, se ha atacado a su poder económico, al blanqueo de capitales, y en los últimos tiempos se está combatiendo la logística. No solo atacamos a la organización principal, sino también a los que prestan apoyo y que hasta ahora parecía que gozaban de cierta impunidad. Eso les ha creado un gravísimo problema, hasta el punto de que ya no somos las puerta principal de entrada de cocaína en Europa. Lo que no quiere decir que no haya entrada de droga.
-¿Llegará el día en que no haya clanes de la droga en Galicia o es una utopía?
-Quiero confiar en que sí, pero no puedo decir cuando. Las herramientas de lucha contra la droga, la normativa legal, el trabajo sistemático y eficaz, la coordinación internacional... demuestran que es un problema global. ¿Porqué Galicia dio el salto desde el contrabando? Primero, porque había individuos dispuestos a delinquir; segundo, por la orografía de sus costas; y tercero, por el mobiliario marítimo. Las bateas, las mejilloneras, las construcciones a pie del mar... Todo favorecía la impunidad. Pero lo cierto es que los clanes ya han perdido mucho protagonismo. Hace años, en los primeros tiempos de la cocaína, los gallegos eran los gestores de la droga. La cocaína, que era suya, se la daban a crédito los colombianos. Desde hace unos años ha cambiado esto. Los gallegos cobran un porcentaje de la mercancía por hacer el transporte, pero la droga es de los colombianos.