Rodeos de 20 kilómetros por el AVE

A. Castroverde PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

Vecinos de Pontecabras deben dar una vuelta de ocho kilómetros para ir a una finca a cien metros de casa y otra similar a medio maratón para llevar a un familiar al médico

19 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Decir AVE es en el mundo de hoy sinónimo de rapidez, eficiencia y comodidad en el transporte. Pero decir AVE, mientras se construye la línea de alta velocidad en el Eje Atlántico, está siendo poco menos que un calvario en Pontevedra, ciudad que está sufriendo un rosario de molestias y cortes de carreteras. El último episodio se está produciendo en Ponte Cabras. El cierre del vial que comunica Lérez y Campañó hace que los vecinos tengan que dar rodeos de ocho kilómetros para poder desplazarse a fincas que solo están a cien metros de sus casas. Si se trata de llevar a un familiar al médico, la cosa es aún más grave y la vuelta puede llegar a sumar 20 kilómetros.

Hace ya más de tres meses que a los vecinos les colocaron una valla metálica cerrando el paso de la carretera bajo el puente del ferrocarril cercano a la entrada de la antigua Cros. «Dixéronnos que ían ser só tres semanas», recuerdan al pie de la cadena de señales que se colocan a la entrada de las obras.

Los vecinos veían entonces el cierre lógico, dado el elevado tránsito que se planteó en los primeros días de obra. «Viñan moitos camións e había moita xente traballando», recuerdan. Pero, tras el cierre de Médico Ballina, el tajo quedó reducido a «dúas persoas e pouco máis». Los vecinos creen que se llevaron a los obreros trabajar al cruce del ferrocarril situado un kilómetro más al sur, bajo la antigua N-550 Pontevedra-Santiago. El resultado fue, como era de esperar, una notable caída de la actividad y una ampliación de facto del plazo que verbalmente les habían dicho al principio.

Mientras esto sucede, la vida cotidiana en Pontecabras ha sufrido una notable transformación. Al estar cortado el paso en el vial bajo el puente del ferrocarril, los propietarios de fincas, situadas antes a poco más de cien metros de la casa, deben dar ahora un rodeo de ocho kilómetros, cuatro para ir y otros cuatro para volver, si quieren llegar con el tractor o el coche hasta el terreno. En vez de atravesar Pontecabras se ven forzados a subir a la carretera de Santiago bajar a San Caetano, volver hacia Campañó y bajar de nuevo hacia la AP-9 para cruzar por el puente cercano a la Cros. Al regreso a casa se repite la historia.

Ni los fines de semana

Los vecinos se quejan de que, pese a haberlo pedido verbalmente, la constructora no les deja expedito el paso de vehículos bajo el puente en los fines de semana, cuando no hay actividades en la obra. «Saes da casa e cando chegas á finca é noite», señalan con sorna.

La cosa se complica cuando hay que recoger a un familiar de avanzada edad, que vive a unos pocos cientos de metros, para llevarlo al médico. Al no poder pasar bajo el puente, a los ocho kilómetros de rodeo para recogerlo y a los ocho para traerlo hay que añadir cuatro más -dos a la ida y dos a la vuelta- a causa del corte de Médico Ballina. Los vecinos deben bajar desde la glorieta de Lérez por la avenida Compostela, bordear Pasarón y encaminarse a la carretera de Campo Lameiro. Toda una odisea y todo un ataque al bolsillo en tiempos de crisis.