Cuatro tendencias del ballet

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

El ballet es una de las artes escénicas más completas. Es uno de los espectáculos de mayor atractivo para el espectador. ¿Existe el ballet más allá del ballet? ¿Y el ballet del silencio? La música del silencio, los sonidos inarmónicos, la conjunción y el ordenamiento de las formas, el dominio corporal, el modernismo, etcétera, todo esto cabe dentro del ballet. Gustará más o menos, pero es ballet. Es una forma viva del arte que, como tal, admite nuevas tendencias. En estas tendencias caben otras líneas diferentes más allá de las clásicas, las románticas, las simétricas; existen tendencias nuevas y diferentes que se deben explorar, dar forma y desarrollar. Con mayor o menor aceptación, esto lo hemos comprobado en la reciente visita de la prestigiosa compañía francesa Ballet de L'Opéra National de Bordeaux.

Así, del programa de mano entresacamos lo siguiente. «A partir del siglo XVIII, la danza adquiere en Bordeaux un prestigio y una creatividad que se extenderán durante el siglo romántico. Fiel a este pasado, el Ballet de la Ópera de Burdeos supo abrir su herencia clásica a la modernidad, gracias al contacto con numerosos coreógrafos».

Evolución

Por la misma razón, el espectador no debe anclarse en el pasado. La vida sigue y evoluciona. Al igual que la pintura, escultura, música, ópera, teatro, literatura, poesía, etc., el ballet también evoluciona para seguir vivo, para renovarse (Renovarse o morir, dice la manida frase). Hay artes que parecen chocar con los esquemas rígidos y gustos de muchos espectadores, pero -en este caso- existe más ballet, aparte de «su ballet» y? la vida sigue avanzando, el arte también.

En el Centro Social Caixanova ha tenido lugar la actuación del Ballet de la Ópera Nacional de Burdeos que, bajo la dirección de Charles Jude, ha ofrecido un programa titulado Cuatro tendencias. Dividido en cuatro cuadros, el primero denominado Temporary condition (Temporal condición) está coreografiado por Václav Kunes, siendo la música de Dirk Haubrich. Intervienen once bailarines encabezados por Yumi Aizawa, los cuales desarrollan una serie de posiciones con poca movilidad, un tanto estáticas y monótonas, iniciado como una especie de tabla gimnástica y figuras como las del juego infantil Pies quietos, estiramiento de cintas elásticas y enroscamiento en las mismas y poco más dio de sí en sus 25 minutos de duración, a los que hay que añadir tres más de generosos aplausos.

Pieza lenta

La segunda de las tendencias titulada Les etreintes brisées (Los abrazos rotos), presentó una coreografía de Claude Brumachon sobre música de Thomas Ravenscroft. Estuvo interpretada por Roman Mikhalev y Juliane Budl, pieza lenta que pululó entre el estatismo y el repentino movimiento brusco envolvente, figurando unas relaciones de pareja medievales de amor cortés, basado en miradas, caricias y un suave roce: el querer y no poder. Interpretación que el público aplaudió por espacio de tres minutos.

La segunda parte se inició con Annonciation (Anunciación): un número místico interpretado por las bailarinas Yumi Aizawa y Diane Le Floc'h en los roles del Arcángel Gabriel y la Virgen María, respectivamente, que representa el anuncio de la encarnación de la Madre de Dios; número de marcada lentitud y escaso ballet, mas bien de composiciones corporales que manifestaban estados de ánimo de María, tales como: duda, temor e inquietud.

Cerró el espectáculo una cuarta tendencia del ballet moderno bajo el título de In the middle, somewhat elevated (En el medio, algo elevado), el de mayor duración del programa y con más contenido de danza y ballet que los anteriores. La obra posee complejidad y necesita de fortaleza física. Basada en el academicismo, goza de cierta libertad. Entre los nueve componentes que conformaban este número, tuvo un marcado protagonismo el bailarín español Igor Yebra, de brillante actuación. El espectáculo, pese a lo reiterativo y monótono, resultó del agrado del público.