«Volaba ese día al epicentro y le dije a mi madre 'te dejo que voy a coger el avión'»

PONTEVEDRA

Manuel Gago vivió con temor las más de diez horas que no pudo comunicarse con su familia

14 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Manuel Gago Caeiro no gana para terremotos. El último tuvo lugar el pasado jueves. Tres seísmos consecutivos, de magnitudes 7,2, 6,9 y 6 en la escala Richter sorprendieron de nuevo a Chile. Pero el gran susto se lo llevó el 27 de febrero. Este vecino de Marín, afincado en Chile por motivos de trabajo, se encontraba en la fábrica que la empresa ribeirense Paquito Sabor de Mar tiene en Chiloé, una isla situada a 750 kilómetros de Concepción, donde se produjo el epicentro del primer seísmo: «Estaba durmiendo y de repente empezó a moverse todo pero yo tardé en reaccionar. Me parecía increíble que se estuviese produciendo un terremoto». Lo peor para Gago Caeiro no fueron los interminables dos minutos y medio que duró el seísmo (tres y medio en el epicentro), sino no poder comunicarse con su familia durante más de diez horas: «Yo volaba ese día para Concepción y el día anterior hablé con mi madre y le dije 'te dejo que voy a coger un avión' y luego ya no pude contactar más con ellos». Para este marinense fue un auténtico caos: «Sin comunicaciones, sin Internet, sin combustible, ni cajeros automáticos, ni dinero. No funcionaba nada». Incluso después de que se restableciesen las comunicaciones, Manuel no logró contactar con los suyos: «Solo podía llamar a fijos y siempre comunicaba mientras ellos intentaban también contactar contigo». Así que decidió telefonear a un amigo suyo para que avisara a su familia y les dijera que al final no había cogido aquel vuelo: «Me tuve que quedar en la isla porque tuvimos problemas con el proveedor. No estuve en el epicentro gracias a que me anularon el embarque. Tuve una suerte tremenda», explica Gago todavía emocionado. Manuel Gago todavía guarda en la retina los momentos posteriores al terremoto: «Me quedé inmóvil, los españoles no estamos acostumbrados y ninguno de los que aquí estábamos supimos reaccionar». En cambio, los chilenos están muy concienciados a este tipo de temblores: «Saben qué es lo que tienen que hacer. De hecho muchos pueblos se salvaron porque escaparon a los montes. Saben que después del terremoto viene el tsunami». Su familia ahora solo piensa en su regreso que será en las vacaciones de Semana Santa pero Manuel lo tiene claro: «Voy unos días pero luego me vuelvo a Chile».