Campolongo dice adiós a los chopos

A. Castroverde

PONTEVEDRA

Los grandes ejemplares que van cayendo a causa de los temporales ya no serán repuestos. Su lugar será ocupado por especies de menor porte y más urbanas

10 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En los años 60 y 70 se extendió como la pólvora por Galicia una moda que había calado hondo en Castilla: plantar chopos. Fue entonces cuando las riberas de los ríos quedaron en no pocos casos envueltas en cortinas de Populus con el declarado objetivo de que el árbol no tuviese sed y creciese con rapidez. Pero el chopo también hizo furor en áreas urbanas y no pocos parques lo adoptaron como su huésped más insigne. Campolongo reunía las dos condiciones: de una parte, estaba a atravesado al medio por un río. De otra, se había convertido en un parque. Así que el imperio de la especie de moda era poco menos que inevitable. Durante años ha dominado el paisaje del valle del Gafos. Ahora, poco a poco, llega a su fin.

Varias generaciones de pontevedreses han crecido contemplando las filas de ejemplares plantadas a lo largo de todo el tramo del Gafos cubierto (paseo Valle Inclán), en la calle Taboada Nieto y en Iglesias Vilarelle. Identificados con la altura en el lenguaje popular -Iríbar, legendario portero del Athletic y de la selección, fue bautizado El Chopo- los nuevos ejemplares ejercían como reyes del parque con portes que llegaban a aproximarse a los 30 metros.

Pero reinar en las alturas no es sinónimo de robustez. Muchos de aquellos ejemplares tenían los pies de barro por ser incapaces de echar raíces sólidas. «Teñen un problema radical: a raíz medra lateralmente, pero non se fai profunda», señala el concejal Raimundo González Carballo, responsable de Medio Ambiente. El resultado de este problema está a la vista de todos: los chopos no resisten los temporales y se caen.

Un ejemplo de lo que sucede puede encontrarse en Taboada Nieto. Un estudio realizado en los años 90 por el Instituto Valle Inclán señalizaba hasta cinco Populus en esta calle. El último temporal arrancó de cuajo uno de los que quedaban y obligó a talar completamente otro. Ayer, los niños jugaban con los restos, después de que las motosierras tronzasen por la mañana los ejemplares que habían caído sobre el paseo. Ahora, solo resta un ejemplar en la esquina de Iglesias Vilarelle. Pero también han desaparecido árboles en esta última calle y en el Paseo Valle Inclán, especialmente en la franja situada junto a la zona escolar.

Disminuir el efecto vela

La mayor parte de los ejemplares que aún quedan pertenecen a la variedad de Populus alba (chopo blanco), si bien también hay Populus nigra (chopo negro) y Populus canadensis (chopos negros híbridos del Canadá). Desde el Concello se ha intentado alargar su vida con podas para disminuir el efecto vela de la copa cuando el viento sopla fuerte en los temporales. Pero, aún así, como sucede en otros parques, los chopos siguen cayendo y, una vez en el suelo, no serán repuestos con nuevos ejemplares de Populus.

«Obedecen -señala Raimundo González- a outra época e temos moitos problemas con eles. Pouco a pouco vanse ir substituíndo. Pero tampouco vai quedar a cidade sen nada. Estamos a plantar especies mais urbanas, os prunus, algunhas magnolias e árbores de menor envergadura».

Campolongo dirá así, poco a poco, adiós a sus chopos. Pero también a una época y a una estética. Desde algunos edificios empiezan a descubrirse ahora panorámicas de la ciudad antaño ocultas detrás de una cortina arbórea. Es otro tiempo y otro paisaje urbano.