Afición consolidada paso a paso

PONTEVEDRA

Ambos cambiaron el fútbol por el atletismo, aunque en diferentes pruebas. En la temporada solo corren juntos una carrera, la San Silvestre pontevedresa

15 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

De tal palo tal astilla, ambos han acabado sustituyendo el deporte rey por el atletismo. Antonio Menduiña lo hizo al retirarse del balompié. Jugó con el Alondras durante nueve años, cuando estaba en la Tercera División, «aunque entonces era muy competitiva, como sería ahora una Segunda B», y después en su equipo de veteranos. Hasta que cumplidos los 41 años, decidió que era el momento de enfundarse otro uniforme distinto. «Siempre me había atraído el atletismo, pero al jugar al fútbol no puedes compaginarlo -cuenta-. Y como lo tenía en mente, cuando pude, empecé. Ahora ya llevo diez maratones». A los que hay que sumar otras pruebas de medio maratón o de diez y quince kilómetros.

La primera vez que cruzó la meta en la prueba más dura del atletismo sintió algo «indescriptible». «Cuando llevas tres meses preparando una prueba y luego consigues llegar a la meta, no se puede describir con palabras lo que se siente -añade-. Estás como aterrorizado, y es que es mucho sacrificio». Cuando prepara un maratón, durante los últimos tres meses entrena hasta cinco o seis días a la semana, «en la que puedes hacer perfectamente 80 y 90 kilómetros». «Imagínate eso a partir de las ocho de la tarde, en pleno invierno, de noche... Es un deporte muy sacrificado, pero a la vez te da muchas satisfacciones cuando terminas las pruebas». En su caso, con sensaciones superiores al fútbol. «El atletismo me está dando cosas que nunca me dio el fútbol -afirma-. Todo lo que hago, el esfuerzo, repercute en mí, en el fútbol dependes más de otros jugadores. Aquí la sensación es que en todo lo que haces el beneficio es para ti».

Conocerse a uno mismo

Además de «la calidad de vida» que le proporciona correr habitualmente, Menduiña subraya que este deporte también «te permite conocerte mucho más a ti mismo». «En una maratón son 42 kilómetros en los que te pasan muchas cosas por la cabeza, te vas analizando y sabes tus límites, a dónde puedes llegar y a dónde no», explica, mientras afirma que en su caso, corre por mera satisfacción, «aunque luego si puedes quedar en el puesto 100 no vas a quedar en el 200, pero lo importante es finalizar en el tiempo que tienes previsto».

Su primera maratón la preparó solo, pero después se unió al Club Corredoiras de Bueu, muy arraigado en este municipio y en el de Cangas, donde reside. «Tenemos sobre 27 fichas en veteranos. El corredor más joven tiene 32 años y de ahí, para arriba, hasta los 60 ó 61», explica.

No es el club al que pertenece su hijo Antón, que con quince años también tiene claro que su presente y futuro inmediato están en el atletismo. «Eu empecei no colexio hai uns anos e entrei no club Vila de Cangas -cuenta Antón-. Hai dous anos estiven xogando ao fútbol pero o deixei por esto». Asegura que la afición de su padre nunca le influyó en esta decisión y que lo que más le gusta correr son pruebas de cross. «Non me gusta a velocidade», apunta.

Entrena cuatro días a la semana a las órdenes de José Calvar y los sábados o domingos participa en alguna de las competiciones que se celebran en Galicia. Algo que a sus quince años no le da pereza alguna. «Ao sacrificarte para ir a entrenar xa te comprometes -señala- e te apetece ir correr. Pensas tamén no resultado do final da tempada e te animas».

Solo hay una carrera en la que ambos coinciden, que es la San Silvestre pontevedresa del 31 de diciembre. Una prueba en la que, de momento, sigue mandando el padre. «Se pica bastante -ríe Antonio- pero de momento no ha conseguido ganarme». «Algunha vez si, pero él di que non; algún día espero ganarlle», contesta Antón.