De surcar los mares, a chatarra

PONTEVEDRA

Un grupo de operarios retiraron ayer del muelle de As Corbaceiras las embarcaciones abandonadas para poder acometer en breve la anhelada limpieza de la dársena

24 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Bajo una persistente llovizna, ayer se procedió a la retirada de los esqueletos de las embarcaciones abandonadas que, desde tiempo atrás, dormían el sueño eterno en el muelle de As Corbaceiras. Fue el primer paso de lo que, en breve, será el anhelado saneamiento de la dársena pontevedresa.

Los trabajos se centraron sobre todo en un pequeño pesquero. En un primer momento, los operarios retiraron los aparejos que estaban en la embarcación.

Mientras tres de los trabajadores estaban a pie de suelo con rebarbadoras y mazos, un cuarto se encargaba de manejar una grúa con la que iban desguazando la embarcación. Hubo momentos delicados, como cuando se encontraron con el depósito del combustible. Contenía líquido, pero pronto comprobaron que no era gasóleo, sino agua acumulada de un tono rojizo provocado por la presencia de gran cantidad de óxido.

«Esto no se puede vaciar así, sin más. Iría al río y provocaría una mancha contaminante», precisó uno de los operarios. Ya venían preparados para la contingencia. Una manguera, un motor y un depósito plástico fueron más que suficientes para trasvasar el líquido del depósito.

Mientras los trozos de lo que antes era una embarcación se empezaron a acumular en un camión y en un depósito metálico para escombros. Y a escombros, poco a poco, los sueños marineros de antaño quedaron reducidos.

Con el depósito y el motor del barco a buen recaudo, le tocó el turno a lo que antes había sido la flamante cabina de mando del capitán. Ajada por el tiempo y el abandono, fue cuestión de minutos que sus restos terminaran en el depósito de la basura.

Cables como látigos

Su retirada tuvo también sus complicaciones, sobre todo por unos cables que amenazaba con terminar convertidos en poderosos látigos merced a los tirones que daba la grúa. Finalmente, y tal vez para prevenir antes que lamentar, los operarios cortaron estos y la cabina pudo ser colocada ordenadamente en el interior del depósito. A buen seguro, y después de haber surcado los mares, buena parte de ella terminará sus días en una chatarrería. Inevitable. Es el signo de estos días.

Luego le tocaría el turno al resto del cuerpo de la embarcación. Resignado a su destino, no opuso apenas resistencia a los embates de la grúa que arrancaba trozos de madera y metal como quien rasga un viejo papel.

El mismo destino que este pesquero corrieron o correrán otras tres embarcaciones, entre las que hay dos chalanas. Y es que la rampa tiene que estar despejada para que, en unos días, se puedan acometer los trabajos de limpieza y los buzos puedan retirar toda clase de porquerías de los fondos del muelle.