La adjudicataria de la mejora vial de la PO-551 dejó la obra a medio hacer y a los vecinos aislados y obligados a compartir la calzada con un tráfico intenso
18 sep 2009 . Actualizado a las 11:38 h.Los vecinos de la travesía Otero Ulloa de Seixo, en el municipio de Marín, arriesgan todos los días la vida nada más salir de casa o cruzar la calle. Si ya lo hacían antes cuando tenían unas aceras tan deterioradas que se caían a pedazos, ahora sin ellas pero con una zanja y multitud de tubos y cables a la vista, la seguridad vial es prácticamente nula y empeora por momentos. La obra quedó inconclusa cuando la empresa se retiró por quiebra.
«O domingo non me colleu un coche de milagro», explicó Josefa Graña, una de las afectadas. Resbaló en un agujero y por poco cayó a la calzada. Su vecina, Dolores García, también habló del mismo peligro. «Hoxe ao saír á rúa estaba mollada a tabla da porta da casa e casi caín», señaló esta mujer de edad avanzada.
No son casos únicos, el presidente de la asociación de vecinos de Seixo, Antonio Conde Ríos, reclamó ayer la intervención firme del alcalde, el socialista Francisco Veiga, en este problema. «O Concello tiña que terse preocupado desta obra da mesma forma coa que nola venderon antes do verán», aseguró. Conde añadió que una explicación a tiempo por parte del alcalde habría servido para calmar los ánimos en Seixo, pero que no lo hizo y al gobierno local no paran de lloverle las críticas en los corrillos.
La Ley de Murphy
Los vecinos disponían de unas aceras antiguas, de hace treinta años, que los obligaban a bajar a la calzada constantemente si transitaban con carritos o tenían prisa. Ahora, tres meses después de que empezasen las obras que iban a solucionar el problema, todo está mucho peor.
La empresa adjudicataria, Teconsa, ha sucumbido víctima de la crisis económica y se encuentra en un proceso concursal. El resultado es que desde el pasado agosto en la carretera no se ve ni un obrero y todo quedó como cuando estos dejaron de trabajar. El espectáculo es desolador y afecta a unas 25 viviendas y dos empresas de forma directa.
Una portavoz de Medio Ambiente, titular de la carretera y promotora de las aceras, señaló que la Xunta está «analizando la situación» desde el punto de vista legal para buscar la «solución más ágil posible» con el fin de que se retomen los trabajos.
Huerta inesperada
Mientras tanto, el tiempo no pasa en balde. Josefa Graña, por ejemplo, ha visto surgir plantas de tomate a la puerta de casa y recolectar una cosecha, que ya comieron los vecinos.
A lo largo de la calle una gran zanja, de profundidad variable, ocupa todo el espacio donde ya deberían estar hechas las aceras desde el mes pasado.
El abandono de la empresa, que cambió tres veces de subcontrata en el lento devenir de los trabajos, cogió por sorpresa a todos. A los pequeños proveedores de material de obra también. Uno señalaba ayer su malestar por los impagos que se acumulan y reclamó a la Xunta una solución.
Los vecinos, que esperaron diez años a que la obra se iniciase desde que les fue prometida por primera vez, se lo toman con una mezcla de desaliento y malestar. «¿Que como vexo isto? Non fai falta dicir nada o que se vé é a vergonza para a Administración que leva isto», sentenció uno de los afectados.