No han tenido que pasar muchos años para que en Fomento se diesen cuenta de que la AP-9 no podrá seguir como está hasta el 2048, año hasta el que estiró la concesión con peaje el Gobierno Aznar. No es que hayan hecho caso a las advertencias que llegaban un día sí y otro también. Es la propia carretera quien ha avisado de forma clara de que las cosas tienen que cambiar. Los colapsos en los tramos que circunvalan Pontevedra y Santiago, junto con Rande, dieron la alarma sobre las insuficiencias de la arteria atlántica gallega. En Pontevedra, el problema es de nudos. Los dos que existen -A Barca-Bomberos y Salcedo- no funcionan bien y, además, es necesario un tercero que dé salida al periférico de Poio y desatasque todo el tramo de la carretera de la costa PO-308 desde Pontevedra a San Xoán. Pero lo cierto es que la reforma de A Barca está en punto muerto. En las reuniones Fomento-Concello se habló de que el asunto iba a ser estudiado. Pero un informe del pasado mes de mayo, enviado por el Gobierno al parlamentario nacionalista Francisco Jorquera, dejó claro que la reforma del tramo Pontevedra norte-Pontevedra sur quedaba para una segunda fase sin fecha. Solo Rande y el paso por Santiago tenían prioridad. También quedó pospuesta sine die la contrucción del nuevo nudo de Campañó. El problema es sencillo: el Gobierno solo pone 200 de los 500 millones que hay que invertir en la AP-9 y la concesionaria no está dispuesta, al menos de momento, a aportar los 300 restantes.