El fin de la campaña electoral despertó en la ciudad los conflictos laborales al duplicar en marzo el número de concentraciones registradas entre enero y febrero
12 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.A un ritmo de una concentración al día, la ciudad de Pontevedra salió a la calle en marzo para reivindicar el fin de sus conflictos laborales o simplemente para hacer oír unas protestas, que hasta ese momento estaban encerradas. El vendaval de las elecciones autonómicas dejó tras de si concentraciones, huelgas y Expediente de Regulación de Empleo, que hasta entonces permanecieron con respiración asistida escondidas detrás de en coches oficiales o yates de lujo. Y si el número de marzo parece elevado, enero y febrero registró solo la mitad de protestas, con seis y ocho concentraciones, respectivamente.
Apenas superado el primer trimestre del año, los conflictos laborales están empezando a despertar del letargo electoral. La ciudad verá el próximo día 20 como los trabajadores de la limpieza de Cespa van a la huelga después de meses de desacuerdos con la empresa y la demanda de un convenio colectivo, que el presidente de su comité, Juan Carlos Corredoira, asegura que no existe, pero fue el despido de un compañero lo que desencadenó la huelga. «Lo hacen por meter miedo», señala Corredoira.
Seis días antes de que las calles de la ciudad se llenen de basura, los trabajadores Valoriza, filial de Sacyr Vallehermoso y adjudicataria del servicio de limpieza y mantenimiento de la AP-9, han convocado una huelga de tres días para exigir la readmisión de los 12 operarios despedidos el pasado 5 de marzo y que representan el 25% de la plantilla (si supera al 10% de los empleados, la compañía debe presentar un ERE). El secretario de construcción de la CIG, Xaquín Agulla, aseguró que estas serán las primeras medidas para obtener una respuesta empresariales.
Junto a las convocatorias formales de paro, otras han sido las protestas que durante marzo estuvieron a punto de materializarse. Ence mantuvo su amenaza de huelga hasta una semana antes de la fecha clave. Finalmente, suspendió el posible paro a la espera de ver como evoluciona la producción de astillado en la planta hasta junio.
Más de 800 afectados
La convulsión laboral no conoce categorías y además de amenazar a los bomberos y jueces alcanza también a los vigilantes de seguridad, que desde enero demandan mejoras salariales y el cese del intrusismo. En el primer trimestre, protagonizaron la protesta más multitudinaria ante la Subdelegación, principal escenario de las concentraciones. Al margen de huelgas y protestas, al menos cinco grandes firmas de la comarca se han visto abocadas a la regulación y con ello arrastraron a cerca de 800 trabajadores a la cola del paro. Trèves, Gonvarri, Maderas del Atlántico, Celtic Estores y Vertifil Industrial son las últimas empresas que sufrieron una regulación. Otras como Indeport ya entregó la cartas de despido a sus trabajadores y se prevé que en breve presente la suspensión de pagos. Construcción, metal, maderas... ningún sector se escapa a una crisis que en los próximos meses retirará la respiración asistida a las firmas que ahora tienen una bomba de oxigeno a medio gas.