La mayoría de sus usuarios pasan la Navidad en la residencia de Vilagarcía. Pese a la epidemia de gripe, la fiesta no faltó en una de las cenas más señaladas del calendario
26 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Dicen que menos llamadas y más visitarlos». Esta es la respuesta, rotunda y sincera a partes iguales, que tuvo que escuchar esta Nochebuena un familiar de uno de los cien usuarios de la residencia de ancianos Divina Pastora, en Vilagarcía, al que se le ocurrió levantar el teléfono. La frialdad distante del recurso telefónico sustituye en demasiadas ocasiones al calor humano. Así que no es extraño que el interlocutor se quede con un palmo de narices, con mucha mayor razón si al allegado en cuestión se le pasa por la cabeza teclear el número del asilo cuando los residentes se han sentado ya a la mesa.
«La mayoría pasan aquí la Nochebuena y las fiestas, solo siete se han ido con sus familias, y de ellos algunos incluso vuelven después de cenar», explica minutos antes del ágape la directora de la residencia, Celina Rey, quien se vuelca junto al personal de las instalaciones y a los voluntarios para configurar una velada agradable. Este año, una furibunda epidemia de gripe les ha puesto las cosas difíciles. El grupo de teatro de Divina Pastora se ha visto obligado a suspender la función prevista para la semana pasada. La obra se escenificará, pero todavía no se ha marcado una fecha alternativa. Porque lo que empezó como un constipado que afectaba a tres personas se ha convertido en un auténtico vendaval que ha acabado por encamar al 80% de los usuarios de Divina Pastora.
El virus, claro, disminuyó en grado notable el número de comensales que se sentaron a cenar en el comedor principal del centro vilagarciano. El resto no tuvo más remedio que armarse de paciencia y pasar la Nochebuena entre mantas. Pero no por ello se abandonó la fiesta. Carlos Rey y Os Terribles de Arousa amenizaron una velada adornada con un menú tradicional. De primero, una sopa o un consomé para ir asentando el cuerpo y preparar debidamente el estómago. Como plato principal, un clásico: coliflor con bacalao. De postre, turrones y uvas pasas. Y un chato de vino para quien podía permitírselo.
En Nochevieja también se celebra una cena especial. El menú reserva mejillones y cordero para despedir el 2008. Antes, si la gripe lo permite, la comunidad de la residencia compondrá una postal navideña.