Los «girasoles» de Fragas

C. Barral / A. González

PONTEVEDRA

Un vecino instaló en una finca de Campo Lameiro placas solares para producir energía que vende a Unión Fenosa

20 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Un compañero de trabajo fue quien le dio la idea, hace casi tres años, a Juan Eloy González Gesteira. Este hombre apostó por instalar placas solares para producir energía eléctrica en una finca de su familia ubicada en la parroquia de Fragas, en el municipio de Campo Lameiro.

Tras muchos avatares, las ocho máquinas de cinco kilovatios cada una ya están en servicio. Lo más complicado de la actuación fue recabar los permisos administrativos, especialmente, porque en Galicia no se permitía la colocación de paneles fotovoltaicos sobre suelo rústico, solo sobre suelo industrial.

Juan Eloy González siempre tuvo ansias ecológicas, aunque no emplea para uso doméstico la energía que produce, ya que le sale más económico vendérsela a Unión Fenosa y que la empresa se la suministre. Tras asesorarse con técnicos y después de navegar mucho por Internet, se decantó por un proyecto de seguidores de ejes. Así se denomina el montaje de las placas sobre unas torres que puede verse en Fragas. «Las placas siguen el movimiento del sol y son como girasoles», apunta.

Este hombre admite que hoy sería difícil conseguir financiación para una actuación similar debido a la crisis económica. «Ahora no sería tan sencillo porque se necesita un desembolso inicial. En ese momento los bancos aún prestaban dinero». Cada máquina tiene un coste de 40.000 euros.

Pese a los quebraderos de cabeza, hoy está contento y satisfecho del rendimiento. «El técnico me dijo que hay pérdidas de energía que hacen que el sistema funcione a un 83%, pero estamos en el 90%». Las placas funcionan siempre que exista luz solar. Aunque no haga sol producen energía, solo están inactivas de noche y para aprovechar ese exceso de potencia habría que emplear unas baterías.

Reconoce que la instalación provocó más de un susto a los vecinos, que temían posibles radiaciones. Al final no hubo ningún problema al tratarse de un sistema inocuo y que funciona automáticamente. «Tiene parado más de un coche para verlas y yo mismo me pasé una tarde solo viendo como se movían», dice Juan Eloy González.

Las placas tienen una vida de unos 25 años y su promotor confía en recuperar la inversión en unos diez años. Por quince días pudo acogerse al antiguo real decreto que regula la producción de energía en régimen especial y que fija, a diferencia del nuevo, una tarifa fija durante 35 años a un precio de 0,455 euros por kilovatio producido.