Medio siglo de compromiso

Chelo Lago consuelo.lago@lavoz.es

PONTEVEDRA

22 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Baldomero Hernando González y María del Carmen Mansilla Paredes celebran hoy mismo sus bodas de oro. Fue precisamente un 22 de agosto, pero del año 1958, cuando decidieron unir sus vidas en matrimonio en Madrid, en una ceremonia oficiada por el hermano del entonces novio, Mariano Hernando, «que es escolapio». Fue en el pueblo donde se conocieron, Colmenar Viejo, de donde es originario Baldomero y donde vivieron, mientras su mujer es natural del cercano Moralzarzal. Y ahora celebran su reboda, con una misa en la Basílica de Santa María la Mayor, a la que seguirá un «piscolabis» en la casa de espiritualidad Raíña da Paz, en Salcedo. Ayer mismo estaban dos de sus hijos preparando las mesas y poniendo manteles para dejar todo a punto para la comida.

Ya casados, Baldomero recaló en Pontevedra para trabajar en la construcción de la fábrica de Celulosas, dirigiendo las obras. Lo que iba a ser una estancia de unos dos años se prolongó en el tiempo, a pesar de que ya tenía puesto buscado en Cádiz, como recuerda el propio protagonista. «Pero ya no me fui, porque aquí había más trabajo». «Cuando terminó de hacerse Celulosas me contrató José Malvar, porque siempre me dedique a la dirección de construcciones». Confiesa que se adaptaron estupendamente a la ciudad y a sus gentes, e incluso toda su familia de Colmenar Viejo «viene con frecuencia, especialmente en el verano, y les encanta la ciudad, la encuentran de maravilla». El matrimonio tiene seis hijos -Félix, Mamen, Maisa, Miguel Ángel, Marina y Elena-, que viven en distintas ciudades, solo dos lo hacen en la del Lérez. «Otro vive en A Coruña, dos en Madrid, y otra ya vivió más lejos, en Nueva Caledonia, en Australia, pero ahora está en Francia, es monja, hermanita de los pobres». Completan la larga familia 17 nietos.

Fueron precisamente sus nietos de Pontevedra, con el mayor, Diego, a la cabeza, los que hace unos días colgaron en el domicilio familiar de la calle Sagasta, una curiosa pancarta anunciando las bodas de oro de los abuelos. «Estamos de re-boda. 22-8-58, Carmelina y Baldomero, 22-2-08», reza. Y es que no siempre se pueden celebrar los 50 años de casados. Por supuesto que todos sus hijos, excepto Elena, la religiosa, y sus nietos, no se perderán la celebración. Pero Baldomero aún confía en llevar una sorpresa y contar también con la presencia de su hija pequeña en un día tan especial.

Otros que también recibieron un homenaje por su fidelidad, pero en este caso a una entidad, concretamente al Liceo Casino de Pontevedra, fueron 17 veteranos socios que llevan 50 años ininterrumpidos perteneciendo a la sociedad. Emilio Álvarez Rey, Jesús Díaz Bustelo, Manuel Fernández Arruty, Arturo Gerpe Álvarez, Ramón Antonio González Fernández, Antonio Hevia de los Santos, Ignacio Jiménez Lombos, Ernesto José López Canabal, Jaime Magdalena Castiñeira, José Mato Calderón, Luis María Muiños Vidueira, Pablo Pita Carpenter, Manuel Posse de la Linde, Alfonso Sánchez Chacón, Manuel Santiago Tizón, José María Torres Viqueira y José Antonio Pardo Martínez, en este caso a título póstumo, se hicieron acreedores de recibir las insignias de oro del Casino. El acto, al que asistió la directiva con su presidente Eduardo Barros al frente, se llevó a cabo en el transcurso de una comida homenaje que se celebró en el parque de verano de la entidad, en A Caeira. Por cierto que hubo algún ausente por razones de salud o de viajes, y Juan Pardo recogió la insignia de su padre, fallecido en noviembre del año 2006.

El presidente, Eduardo Barros, indicó en Radio Voz Pontevedra que la sociedad cuenta en total con 108 socios de honor. Además, criticó que ni el alcalde de Poio, Luciano Sobral, ni el de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández, asistieran al baile de gala de la Peregrina, «un acto -dijo- que congrega a más personas y tiene más repercusión que algunos de los programados en las fiestas con dinero público». Según Barros, asistieron al evento unas 3.500 personas «llegadas de toda España, invitadas muchas de las familias de las jóvenes que se pusieron de largo ese día». Considera que ese baile es una cita «viva de por sí».