El mundo árabe y Pontevedra están ya un poco más cerca. A partir de lo vivido ayer en el nuevo Museo de la ciudad, con motivo de la presentación oficial de la trigésima edición de la Bienal de Arte, se puede decir que ambas realidades presumen ya de haber construido nuevos nexos de unión con visos de perdurar para siempre. La intención de esta concentración de artistas de tan diversas procedencias (Marruecos, Túnez, Argelia y España) no es otra que la de echar por tierra los prejuicios, los clichés y las fronteras existentes entre las dos orillas del Mediterráneo. Pontevedra ha conseguido ser la primera localidad de Europa que le concede una bienal monográfica al arte del mundo árabe. Los protagonistas se sitúan a medio camino entre la cercanía geográfica al viejo continente y la lejanía sideral que le sigue separando del ciudadano europeo que aún ve en los marroquíes, argelinos y tunecinos los mismos paradigmas de siempre y que habitualmente le impiden apreciar el arte en sí mismo. Se confía desde la organización del evento que esta sea la primera vez que los amantes del arte puedan ver obras sin necesidad de reparar en cuál es la matrícula de sus autores.
Al acto de presentación no faltaron los altos representantes de los países que concurren a la muestra. Embajadores, asesores, comisario y organizadores se rodearon además de los iconos de la política local, provincial y regional. Destacaron el presidente de la Diputación, Rafael Louzán, el vicepresidente Chema Figueroa, la diputada autonómica Pilar Rojo, el alcalde de la ciudad, Miguel Anxo Fernández Lores, la delegada de cultura, María Xesús López Escudeiro, la socialista Teresa Casal y alcaldes de concellos próximos a Pontevedra como Soutomaior, Ponte Caldelas o Lalín, que no quisieron perderse la cita. De entre las intervenciones de presentación se pueden destacar las palabras de Carlos Valle, director del proyecto, quien resaltó que «ás veces os soños acaban por convertirse en realidade» en clara alusión a que lo logrado con esta bienal procede de una idea gestada hace ya muchos años. Valle, que se dirigió a los presentes en gallego y en francés, quiso tener un recordatorio especial para Xenaro Martínez Castro, el fotógrafo recientemente fallecido. Junto a estas palabras se pueden rescatar de la intervención del embajador de España en Marruecos, Luis Planas Puchades, la idea de que esta bienal viene a significar «la voluntad de romper fronteras entre África y Europa y también desde dentro del propio Magreb». Miguel Anxo Fernández Lores, alcalde capitalino, hizo hincapié en el encuentro y el diálogo «entre o mundo árabe e o continente europeo no marco dunha Galiza capaz de integrar as linguaxes globalizadoras». Finalmente Rafael Louzán cerró la ronda de discursos asegurando que Pontevedra se convierte en un auténtico puente «de culturas e civilizacións» que une «dúas tradicións moi distintas pero que están chamadas a entenderse e a interrelacionarse».
El acto de inauguración se dividió en tres partes. La primera de ellas correspondió a los discursos en la nueva plaza de la cultura, a la entrada del nuevo Museo de Pontevedra. Justo después todos los asistentes recorrieron las dos sedes de la bienal (museo y recinto ferial) y por último hubo tiempo para la charla y el acercamiento más profundo a las obras y a los artistas en la degustación del vino gallego que cerró el acto.