Lardoeira dice adiós al riesgo

PONTEVEDRA

El cruceiro de la parroquia de Agudelo, en Barro, recuperó ayer la verticalidad tras los trabajos de restauración realizados

04 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El cruceiro de Lardoeira, en la parroquia de Agudelo, recuperó ayer la verticalidad y dijo adiós al riesgo de caída que presentaba antes de la actuación llevada a cabo por la Escola de Canteiros. Alumnos de este centro dependiente de la Diputación procedieron por la tarde al montaje del cruceiro, una vez restaurado y realizada la base con su nuevo emplazamiento.

La de Lardoeira es una historia con final feliz. El 20 de febrero del 2007 la Asociación Cultural Barosa denunciaba públicamente que este cruceiro ubicado en las inmediaciones del Camino Portugués a Santiago corría riesgo de caerse por falta de protección. Esa cruz de piedra presentaba una inclinación de 30 grados que, fácilmente, podía acabar con sus elementos en el suelo. Este colectivo había subrayado que durante las obras de construcción de un viaducto para el trazado del AVE este elemento patrimonial se vio sometido a una situación de «permanente risco» debido al tránsito de vehículos pesados. Después se asfaltó un tramo del vial, pero no se consolidó el pedestal del cruceiro.

El cruceiro de Lardoeira está compuesto por un pedestal sencillo, fuste octogonal y capitel con cruz de Cristo e imagen de la Virgen. El pasado 24 de enero personal de la Escola de Canteiros procedía a su desmontaje con vistas a su recuperación. Antes de su traslado al nuevo emplazamiento, desplazándolo siete metros del eje del vial existente, se acometió la limpieza de sus elementos.

Estos trabajos se hicieron siguiendo las recomendaciones técnicas que figuran en el informe de Patrimonio que tuvo que solicitar el Ayuntamiento de Barro. El proyecto municipal, redactado por el arquitecto Ricardo Sobral, comprendía el traslado del cruceiro a una posición con firme adecuado para conseguir su verticalidad original.

La Escola tuvo que numerar y proteger adecuadamente las piezas escultóricas para evitar posibles daños durante el traslado. La limpieza de la piedra se hizo manualmente con cepillo de sedas vegetales, empleando agua y jabón neutro, respetando las pátinas existentes y sin eliminar los líquenes naturales que conforman su aspecto. El tratamiento fue muy ligero, evitando el empleo de productos o métodos agresivos como pueden ser cepillos metálicos, herbicidas y otras sustancias químicas. Para la unión de las piedras no se utilizaron morteros de cemento, solo los tradicionales a base de cal.