El lugar de ambos está en el mar, y los dos han levantado la misma expectación en las costas a las que recalan. Suso Leiro, el navegante portonovés que viaja al Polo en solitario, es un auténtico lobo de mar. Jean Floch es un delfín. Los dos son protagonistas de una historia separada por miles de kilómetros y que, sin embargo, tienen nexos en común; el agua salada, la villa de Sanxenxo y los medios de comunicación.
Desde hace una semana los comerciantes del puerto deportivo de Sanxenxo, los marineros de Nauta y los pescadores tienen un nuevo compañero en los muelles. Se trata de un delfín mular de unos tres metros que pasea tranquilo entre los barcos y los pantalanes. El animal es muy sociable, y no tiene inconveniente en acercarse a las personas y casi se deja tocar.
Jean Floch ya es un delfín famoso. Los voluntarios del Grupo de Rescate de Mamíferos Marinos le siguen la pista desde hace meses, cuando llegó desde el atlántico a las costas gallegas. Fue avistado por primera vez en la ría de Vigo. Después en Marín, San Vicente do Mar y finalmente, Sanxenxo.
Ahora el arroaz es más conocido todavía, después de que todos lo puedan ver en la prensa. Sale en la última página de La Voz. Pero el que se ha llevado un portada es el segundo protagonista del mar en la tierra, Suso Leiro. El portonovés, que partió desde Sanxenxo con destino al Polo Norte ha salido en portada de un periódico de Islandia, el 24 Stundir. El rotativo le dedica una página entera de su edición del 29 de abril. En el reportaje, Suso aparece en su barco, amarrado en el puerto de Reikiavik, y relata la historia de su viaje al casquete polar y su anterior aventura, que le llevó a las costas de Chile atravesando el temible Estrecho de Magallanes.
El intrépido navegante, que viaje al centro magnético de la tierra a bordo de un velero de apenas ocho metros, llegó a Islandia tras una larga travesía que le ha llevado desde las islas Feroe, en el Mar del Norte. Antes, navegó hacia Irlanda, y de allí, a Escocia. Su viaje, sin embargo, ha tenido que parar. El hielo aún cubre las costas de Islandia, e impide que cualquier barco pueda adentrase en el Polo.
Como siempre, Leiro encuentra tiempo para atender a la prensa, también a la de aquí, y envía puntualmente a La Voz su diario de abordo. Él mismo relata su imposibilidad de partir. «A los peligrosos temporales que encierran estos mares árticos, hay que sumarle los hielos e icebergs que son normales por estas latitudes -explica en su diario de abordo-. Este año Groenlandia esta casi cercada de glaciares imposibles de cruzar, ni con rompehielos». «Cuando, con mi precario inglés, hablaba con el Capitán de Marina me dijo que no podía zarpar del puerto. Con un acento firme, le dije que el velero esta preparado, pero el comandante me mostró en la pantalla de su PC, el cerco de hielo que baña casi todo Groenlandia. Queda, únicamente, un pasillo por el Sur Oeste que puede taparse en cuestión de días». La aventura continúa...