En busca del loro perdido

E. L.

PONTEVEDRA

Una vecina de Juan Bautista Andrade pide ayuda ciudadana para encontrar a un yaco africano que se le escapó de casa

09 abr 2008 . Actualizado a las 10:58 h.

¡Qué tendrá esta ciudad con los loros, que siempre acaban haciéndose famosos! Si el histórico Ravachol es su principal referente, inmortalizado por los carnavales, en la actualidad es Curro, el ave parlanchín de la panadería Abilleira, quien da los buenos días a todo el que pasa por la calle Sarmiento. Pero ahora también está Rocco, que sale a la escena mediática por encontrarse en paradero desconocido para desconsuelo de su propietaria. A Marina Tojal se le escapó el pasado sábado y desde entonces lo busca infructuosamente, confiando en la colaboración ciudadana para encontrarlo.

Rocco es exactamente igual que Curro, un loro gris africano o yaco (Psittacus Erithacus) de cola roja. Son animales muy longevos, que suelen vivir sesenta o setenta años y se caracterizan por ser excelentes mascotas, inteligentes, divertidos y quizás, los mejores parlanchines entre su especie.

La diferencia con el de la panadería Abilleira, al que prácticamente todos los pontevedreses conocen, es que éste es más joven, tiene cuatro años y todavía no ha arrancado a hablar, pero está en ello. Marina Tojal, que por ahora se niega a hablar de Rocco en pasado, lo compró cuando tenía un año y de momento solo da silbidos a modo de piropos.

Ella y su novio lo tenían en su casa de la calle Juan Bautista Andrade y disponía de una hermosa jaula, aunque estaba casi todo el día fuera de ella, revoloteando por la sala, encaramado a un palo de pino, posado sobre un biombo o sobre un reloj. Siempre tomaban la precaución de mantener las ventanas cerradas, hasta que el pasado sábado, que fue un día de bastante calor, algo debió asustar al loro, echó a volar, encontró abierta la puerta de la terraza y... «la gran tragedia», ironiza la apesadumbrada propietaria.

Marina y su pareja salieron en busca de Rocco con una pequeña manta para echarle por encima, si lo encontraban. El mismo sábado, aunque era como buscar una aguja en un pajar, consiguieron avistarlo en un eucaliptal próximo a la Illa das Esculturas, volando de un árbol a otro. Su propietaria se ríe recordando la escena de ella y su novio llamando al loro, imitando sus silbidos. «Pues, nos contestó», asegura.

«Allí estuvimos, desde las once y media o doce de la mañana hasta las nueve de la noche, porque desde que se posó en el tercer árbol no volvimos a verlo más». Y sigue contando. «Cogimos prismáticos, la comida suya, hicimos ruidos con una campana, silbamos todo el día... Bueno, una odisea total . Allí había miles de pájaros que hacían unos ruidos rarísimos y nosotros intentando reconocer su sonido. Parecíamos de esos observadores de aves, la gente nos miraba y acabamos con el cuello torcido.... una locura».

El domingo, el lunes y el martes, volvieron al entorno del campus universitario y A Illa das Esculturas, pero su búsqueda tampoco tuvo éxito.

Marina Tojal es consciente de que es un ave tropical y duda de que pueda supervivir con la lluvia y el frío de estos días, aunque no pierde la esperanza de que alguien lo encuentre. Si es así, sus teléfonos de contacto son el 636 210 137 y 986 851 606.