Cuando cae la noche, se adueña del cielo. Lo llena y lo recorre. E hipnotiza. Lo hace y lo hizo. Durante siglos pueblos separados por océanos y continentes coincidieron en atribuirle a la Luna el poder de estimular la alegría, de alentar la locura y de sembrar la fertilidad. Hubo en Egipto quien vio en el satélite que domina las noches a la diosa del amor También hubo quien se sirvió de sus incesantes paseos por la bóveda celeste para ir con tres carabelas a buscar las Indias y encontrar un nuevo mundo. Otros la convirtieron en fuente de superstición, religión y literatura.
La Luna fue fuente de mitos y acicate de la imaginación. Y aún lo es. En Vigo, un reputado anestesista comentaba hace unos meses en tono serio que la luna llena les trae de cabeza. «Cada vez que aparece, no damos abasto con los partos», se lamentaba. Días después, una matrona veterana abundaba en la misma teoría, a la que se sumaba alguna que otra profesional del gremio. Surgía la duda: ¿Influye de verdad la luna llena en los partos? La respuesta la daban al poco tiempo los registros del hospital Xeral: en los trece días de luna llena del año 2007 nacieron en Vigo 157 niños, es decir, doce por jornada, exactamente los mismos que marcan la media de todo el año, en el que nacieron 4.380 bebés. Mientras lunas llenas como la de mayo llegaba a superar en cuatro partos la media habitual, otras como las de junio hundía el mito al apuntarse apenas tres nacimientos.
Y si las matemáticas no entienden de mitos, aún menos lo hacen científicos de ramas tan dispares como la medicina, la astronomía y la física, consultados por La Voz. «Los astros son capaces de ejercer atracción sobre todo lo que hay en la tierra, y en ese sentido, tienen capacidad de influir sobre los seres vivos. Pero otra cuestión es que la tenga en los partos. No tiene sentido: la luna siempre está ahí, la veamos más o menos iluminada», certifica Juan José Louro, experto navegante, apasionado astrónomo y profesor emérito de la Escuela Náutico Pesquera.
Sin influencia
Aún más contundente es el jefe de Obstetricia del hospital Xeral de Vigo, Carlos López Ramón y Cajal, que asegura que «la luna no influye nada». «Es un mito sin ningún valor. Hay estudios que constatan sin dejar lugar dudas que no afecta de ningún modo a la obstetricia», sentencia, antes de reconocer que la leyenda de que la luna llena dispara los partos ha calado incluso en especialistas médicos. «Es cierto que lo pueden decir doctores de otras especialidades, matronas o incluso algún ginecólogo, pero eso es parte del mito: lo alimenta y contribuye a que se perpetúe», subraya, transformando así el mito de los nacimientos lunares en la parida que define el diccionario de la Real Academia como «resultado del parto», «sandez» y «teoría que defrauda», tres acepciones para desmontar una de las creencias que acompañan al satélite.
Aunque hay más y todos igual de falsos. Ni crecen las uñas y el cabello más rápido, ni el pelo florece donde no existía. Tampoco la pasión se desata, ni se llenan los manicomios. «Los lunáticos no existen, son parte del mito de la luna. Puede haber una influencia de matiz que está relacionada con la cultura, con sistemas de pensamiento, con males de ojo, con supersticiones, pero la influencia acaba ahí», certifica el doctor Rego, director médico de la clínica psiquiátrica El Pinar.