Las comidas más excitantes

María Conde maria.conde@lavoz.es

PONTEVEDRA

21 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Bigas Luna ya lo utilizó como recurso erótico en la película Jamón, jamón, aquel producto tan ibérico que unió por entonces a unos jovencísimos Javier Bardem y Penélope Cruz. Porque sí, aunque deje un aliento que no a todo el mundo le resulte fácil soportar, el ajo es afrodisíaco, igual que la cebolla y que otros muchos más productos de la huerta, como explica Silvia Prieto Viéitez, la monitora de un curso de cocina afrodisíaca impartido en el programa Noites Abertas. El tema interesa y, de hecho, aunque solo había quince plazas, finalmente fueron 22 los jóvenes (entre ellos siete parejas de novios) que se dieron cita en la Casa Azul para saber todo lo que siempre quisieron saber sobre este tema, e incluso otros quince se tuvieron que quedar fuera y deberán esperar a que el próximo año vuelva a organizarse la actividad. Silvia comenzó por aclararles mitos y realidades sobre el concepto en colores, olores, alimentos y bebidas. «En realidad, cualquier alimento puede ser afrodisíaco, lo afrodisíaco es lo que cada uno cree -aclara la monitora-. Pero, por ejemplo, hay otros que ya lo son de por sí, como la fresa, y todo depende de cómo la degustes. Si es a mordiscos, pues poco afrodisíaca resultará...». Prieto sorprendió a sus «alumnos» contándoles por ejemplo, lo excitante que puede ser la lechuga y estos a su vez la sorprendieron a ella con su creencia, por ejemplo, de que la crema de whisky también lo es. «No lo es en absoluto, lo que pasa es que ellos lo relacionaban con el anuncio televisivo tan sensual de esta bebida», aclara. A la monitora le gusta recordar otra de las anécdotas que surgió de un curso anterior, cuando una joven de 19 años le comentó que cada vez que iba a cenar con su novio, antes de probar bocado, pronunciaba tres veces el término salabalampiño, y antes de beber, otras tres la palabra osmolife. «Esto se supone que la purificaba, de manera que ella siempre se sentía virgen cuando estaba con su novio -explica Silvia-. Y era una tradición que le había inculcado su madre. Me pareció muy curiosa y es muy gallega también».

Pero fuera mitos y al grano. ¿Qué otras bebidas y alimentos se consideran afrodisíacos? Pues algunos son tan antiguos como la leche y la miel, de los que recuerda la monitora que se sirvió la mismísima Cleopatra para seducir a Julio César o a Marco Antonio. Cómo no, también el chocolate, la nata, las fresas, el champán (estos dos últimos mezclados ya pueden ser la bomba). Pero atención, no olvidemos las formas y no se nos ocurra servir el champán por ejemplo en un vaso, porque perderá todo el efecto. Para eso se inventaron las copas alargadas. En el curso de Noites Abertas, los participantes elaboraron también brochetas de frutas afrodisíacas, como el mango, la papaya, la manzana, la pera y frutos secos como las pipas, avellanas o almendras, todo ello bañado con leche condensada. También tienen este poder relajante especias como el tomillo, hierbabuena, el perejil, la canela, o el romero. Otro de los juegos que practicaron los alumnos fue, además del de los sabores, el de los olores. Por parejas, uno de los integrantes se tapaba los ojos y primero se le daba a oler un frasco justo en la nariz, para posteriormente ofrecerle el mismo aroma impregnado en las manos. «Era para lo mismo, para apreciar la diferencia entre una cosa y otra», comenta. Y, como menú, prepararon papaya elixir. La fruta se corta en cuadraditos y se sirve con lechuga, pimienta negra, aceite y vinagre, «y deja el cuerpo muy tranquilo, después activo». Si están pensando en una próxima cena al uso, olviden los pesados platos de carne o el pescado; mejor cuanto más ligerito. Ahí van dos ejemplos, ostras servidas en hojas de endibias (que visualmente ya recuerdan al órgano sexual femenino) o otro plato a base de yogur, queso gruyer, tomillo, pimienta negra y también lechuga. Pero si todo les falla y no tienen nada preparado en casa, recuerden que ¡Ajo y agua!