Entre Marín y Vilaboa se concentra la mitad de los pollinos abandonados en la comarca en los últimos tres años
02 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Catalina, la burra abandonada en la parroquia marinense de San Xulián el pasado lunes, es el último eslabón de una cadena de abandonos de burros que se ha ido produciendo a lo largo de los últimos años. La zona montañosa entre Marín y Vilaboa acumula la mitad de los pollinos que han sido desamparados a su suerte en el bosque desde el 2005.
Algunos vecinos consideran que la causa se debe a que la montaña es grande, con amplias extensiones deshabitadas y con el aliciente de que es difícil que se pueda localizar a los propietarios originales de los pollinos desahuciados. Todos, vecinos y concellos afectados, aseguran que se trata de un fenómeno que puede obedecer a las dificultades de su cuidado cuando sus dueños envejecen y los jóvenes no se quieren hacer cargo de sus animales. También se incide en que la superficie labrada en la comarca es cada vez menor y que por lo tanto, es más difícil que los dueños de burros puedan encontrar a alguien que los acepte para trabajar su tierra. Otro factor no despreciable se encuentra en el farragoso proceso administrativo con la Xunta para que esta se lleve los cuerpos de los animales fallecidos.
Todos estos factores explicarían, de forma general, este fenómeno tan extraño y cruel. Los burros están condenados a muerte si nadie acude en su rescate. En Vilaboa, en el año 2006 se encontró un burro en estado moribundo en una pista forestal que conducía al lago de Castiñeiras. En junio de ese mismo año se recuperó otro animal que apareció cerca de la aldea de Sobreira, que fue bautizado como Milagros, y del que se hizo cargo la entonces existente asociación Andrea, en Barro, que tuvo que esmerarse para curar una herida grave que el pobre animal tenía en una de las patas traseras.
El destino de los asnos abandonados una vez que se detectan los casos ha sido muy variada. Los Ayuntamiento están encargados por ley de su custodia mientras no le encuentran otro dueño, pero a veces el animal les llega en unas condiciones tan lamentables que hay que sacrificarlo. Además, al menos en un caso, ocurrido también en San Xulián en el año 2005, unos vándalos mataron a una burra rescatada y acogida por un vecino en una finca aprovechando la oscuridad de la noche y que no había viviendas cerca de la cuadra.
El caso de Catalina, la burra que apareció esta semana en San Xulián, parece más esperanzador. El animal es un precioso ejemplar de burra de color blanco, algo mayor, pero en buen estado de salud. Está recibiendo un tratamiento para rehabilitar las patas, que se encontraban algo dañadas por la dejadez de sus antiguos dueños. Catalina sigue custodiada en la casa de uno de los directivos de la asociación Virxe dos Remedios de San Xulián, a petición del Concello de Marín, mientras no se decide a quién confiarla. La edila de Medio Ambiente, la nacionalista Pilar Blanco, aseguró que ya había recibido varias peticiones de particulares para hacerse cargo del animal, por lo que esta pollina pronto podrá encontrar un nuevo hogar permanente.
Las adopciones de burros son la vía más rápida para los concellos. La desaparición de Andrea, colectivo que acogió a varios ejemplares de asnos abandonados en el entorno de Pontevedra durante años, ha sido un duro varapalo para la protección de los asnos domésticos, una especie en declive en España.
En enero, otra burra, esta vez hallada sola vagando por A Portela, en Bueu, fue entregada por el Ayuntamiento a una familia de Cadrelo, en San Tomé de Piñeiro. Los nuevos dueños ya tienen experiencia, porque una burra anterior les murió de vieja y ahora el pollino de A Portela tendrá todas las atenciones y mimos de los que careció con sus anteriores propietarios.