Las familias gitanas reconstruyen sus chabolas en O Vao

Jaime Velázquez

PONTEVEDRA

Los afectados barajan ya la posibilidad de tener que regresar al poblado marginal

21 feb 2008 . Actualizado a las 10:52 h.

Hace ahora cuatro meses, las máquinas entraban en el poblado de O Vao y demolían siete chabolas. Sus ocupantes se quedaron desde ese momento sin un lugar donde dormir. Fueron expulsados del cámping de acogida de Sanxenxo y tuvieron que regresar a O Vao. Después fueron alojados en apartoteles y finalmente, a principios de este mes, en pisos de realojo.

Los solares que dejaron en sus chabolas en el poblado de O Vao quedaron vacíos, pero por poco tiempo. Al menos tres de las infraviviendas han sido ya reconstruidas, pensando quizá en que, tarde o temprano, deberán de regresar a O Vao.

La Policía Local de Poio ha enviado ya tres requerimientos a los propietarios de las nuevas chabolas para que paralicen su construcción. Son las que han podido entregar en mano, porque algunos de los inquilinos residen ahora en Monte Porreiro.

La actuación municipal parte de una denuncia de la asociación de vecinos de O Vao, que durante más de una década ha luchado por el derribo de unas construcciones ilegales que ahora vuelven a tener suelo, paredes y techo.

Algunos de los afectados a optado por reconstruir sus chabolas con madera, según los agentes municipales. Magdalena, que ya hizo su anterior casa de este material, ha vuelto a fabricarla con tablones. Carlos, que contaba con una chabola de ladrillo en la calle central del poblado, también ha recurrido a la madera para reconstruir su vivienda en el asentamiento marginal. Ambos están realojados en Monte Porreiro.

Mariano, que actualmente reside en la parroquia de Caritel, en Ponte Caldelas, también ha decidido ocupar el solar que dejó su antigua chabola. Esta vez, el material de construcción son bloques de cemento. La casa de Mariano en O Vao tenía dos pisos, dos baños y numerosas habitaciones.

Algunas infraviviendas afectadas por la demolición, sin embargo, no han dejo nunca de ocuparse, según la Policía Local de Poio, que suele patrullar el poblado al menos dos veces al día. Se trata de una chabola que no pudo ser desmantelada debido a que compartía paredes con otras casas legales. El Ayuntamiento quedó pendiente de un nuevo proyecto arquitectónico para su derribo. «Hasta hai ben pouco, desde logo estaba habitada», explica un agente municipal.

Los gitanos desahuciados han utilizado en muchos casos las puertas, ventanas y otros materiales que recuperaron de entre los escombros de sus antiguas chabolas. Las casas se parecen asombrosamente a sus predecesoras, como si los afectados trataran de dar marcha a atrás en el tiempo.

Las ventanas y las puertas están en el mismo lugar; las dimensiones de la planta son casi idénticas. Hasta los colores llegan a ser los mismos. Si la infravivienda era de color azul hace cuatro meses, su sucesora lo es también.

Comienza el proceso

La reconstrucción de las chabolas en el poblado de O Vao podría reabrir el proceso judicial que se resolvió finalmente el 24 de noviembre con la demolición de las infraviviendas.

Un total de once casas de O Vao fueron declaradas hace ya más de una década por los juzgados y por el propio Ayuntamiento, que acordó en sesión plenaria ordenar su demolición. Las nuevas chabolas reconstruidas son igual de ilegales que sus antecesoras. La asociación de vecinos de O Vao, con toda seguridad, denunciará su construcción en los tribunales y en el propio Ayuntamiento. Pero desmantelarlas y desalojarlas de nuevo no será una tarea fácil ni rápida. Las máquinas tardaron más de una década en poder acercarse a ellas para demolerlas.

La ilegalidad urbanística no es el único problema que puede surgir con la reconstrucción de las casas del poblado marginal. También fracasaría el plan de erradicación del chabolismo, puesto en el que la Consellería de Vivenda ha invertido casi 700.000 euros y el Ayuntamiento de Poio casi 200.000.

Si las familias desahuciadas regresan al poblado marginal, el plan autonómico, sin duda, habrá fracasado, puesto que eso supondría que los afectados permanecen en la marginalidad y viviendo en condiciones precarias.

Si las infraviviendas son ocupadas finalmente por otras personas distintas a sus antiguos inquilinos, el plan de erradicación del chabolismo poco habría logrado sus objetivos, puesto que el número de casas y habitantes del poblado marginal seguiría siendo el mismo.

Al menos tres de las chabolas que fueron derribadas hace cuatro meses son ya habitables. Seguramente tendrán luz y agua. El rechazo y la presión social en contra del realojo de los afectados puede que haya terminado por convencer a las familias que su único sitio es O Vao.

No sería tan raro; eso es lo que muchos pontevedreses piensan. «¿Por qué integrarlos? ¿Por qué sacarlos del poblado marginal?». Es el único sitio en el que no molestan; el único sitio donde se les permite vivir.