La tripulación aspira a cobrar sus sueldos tras la subasta del «Masai»

La Voz

PONTEVEDRA

10 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los ocho tripulantes del Masai, un barco pesquero embargado en Marín por orden judicial en el 2004, han puesto todas sus esperanzas de cobrar sus sueldos adeudados en la subasta del buque el próximo 2 de abril. Un portavoz del sindicato internacional del transporte ITF, José Manuel Ortega, explicó ayer que la cantidad total adeudada por siete meses de trabajo sin cobrar más los gastos de la repatriación de los marineros asciende a los 65.000 euros. En el momento en que el caso del Masai llegó al Juzgado había a bordo enrolados cinco marineros chilenos y tres mandos argentinos (capitán, jefe de máquinas y el segundo oficial). El portavoz de la ITF manifestó que el caso se ha dilatado bastante, siendo las complicaciones legales y el entramado jurídico del asunto una de sus razones. El Masai es un pesquero que llegó a Marín a finales del 2003 con bandera de Belize y rebautizado como Jara. La titularidad del buque estaba siendo objeto de un litigio entre su propietario original, una empresa coreana, y los que entonces tenían su posesión como arrendatarios, tres socios españoles residentes en el entorno de Pontevedra. En el puerto marinense, el buque se reparó y pertrechó para una campaña en Mozambique. En enero del 2004, estaba listo para salir, pero el buque no se pudo hacer a la mar, porque el Juzgado de Las Palmas decretó el embargo preventivo, para posteriormente darle la razón a la empresa coreana Ocean Flowers Entreprises contra las pretensiones de sus arrendatarios españoles, Tex Corporation. Para esa fecha, la intervención de la ITF, a través de la UGT, se hizo necesaria porque los arrendatarios no reconocían la adscripción de los tres mandos a la tripulación del Masai y llegó incluso a poner una denuncia contra ellos en la Comisaría de Marín. La ITF también denunció la situación de desamparo de los demás marineros. La visita del armador coreano al puerto no sirvió para solucionar el problema. Los trabajadores siguieron en el barco con tareas de mantenimiento mientras no se resolvían los asuntos judiciales pendientes y no llegaron a cobrar nada de esos siete meses. El propietario tampoco pudo hacer que el barco saliese a la mar por los diversos embargos que pesaban sobre él y aparentemente se desentendió de la suerte del Masai. La ITF se vio obligada a sufragar la repatriación de los marineros, cuya situación económica y familiar llegó a ser muy preocupante.