El paulatino descenso de la flota morracense en los caladeros africanos tiene un efecto claro en el empleo. Pero más allá de la reducción lógica de las tripulaciones que llega de la mano de una restricción de la flota, el empleo también se resiente en tierra.
Actualmente trabajan en los caladeros mauritanos 270 marineros gallegos. El acuerdo de la Unión Europea implica que en cada buque de bandera extranjera faenen siete marineros del país africano, por lo que la totalidad de las tripulaciones no son autóctonas de Galicia. Con todo, según los cálculos del sector puestos sobre la mesa ayer por el diputado nacionalista Bieito Lobeira, por cada empleo que se genera en el mar, otros cinco están relacionados con él indirectamente en tierra. Se trata de comercializadores, estibadores o manufactureros.
Así, de los 270 puestos actuales de los barcos morracenses que operan en Mauritania, y que ahora han tenido que regresar de forma prematura a puerto ante la inviabilidad económica de la campaña, dependen otros mil en tierra. Aun así, la cifra global ni siquiera alcanza la de empleos totales que solo los empleados embarcados alcanzaban durante la vigencia de los acuerdos pesqueros con marruecos, cuando llegaron a operar en el banco canario-sahariano 140 barcos gallegos.
Según Lobeira, Galicia ha sido la gran perjudicada en los nuevos acuerdos entre la UE y los países africanos. En el lado contrario estarían las cofradías pesqueras andaluzas de Barbate, que han visto como sus intereses en la pesca de bajura y marisco se han mantenido.