¡Helo, helo! por do vino / buen teatro a Pontevedra; / de Caixanova la mano, / el sevillano Tenorio / es de Zorrilla en verso llano. Con esta personal licencia, doy satisfacción a un buen amigo que me sugería escribir este comentario en verso.
Efectivamente, auspiciado por Caixanova actuó en su Centro Social la compañía L'Om Imprebís poniendo en escena la inmortal obra de José Zorrilla Don Juan Tenorio, obra que si bien no pertenece al teatro clásico es un clásico del teatro, sobre todo por su tradicional representación durante los primeros días del mes de noviembre, debido a sus connotaciones con los difuntos. El vallisoletano Zorrilla escribió esta popular pieza teatral cuando contaba 27 años, inspirada en las obras El burlador de Sevilla de Tirso de Molina y El convidado de piedra de Antonio Vázquez de Zamora, entre otras. En versión y dirección de Santiago Sánchez, hemos presenciado un Tenorio que en esencia es fiel a la obra originaria; no obstante, ofrece una transmutación temporal en su última parte, con una acertada resolución. Asimismo, han definido la transparencia de los tres bloques básicos en que se estructura la obra: El bullicio del carnaval sevillano, la fanfarronería de sus protagonistas masculinos, sus denigrantes apuestas, la desfachatez de sus correrías amorosas y pendencieras y las nuevas apuestas más subidas de tono, coronadas por la frase del soberbio Don Juan: Responda el cielo y no yo. Un segundo bloque más íntimo, de elevado romanticismo, que tiene lugar en la finca de Don Juan, al otro lado del río, donde finalmente conoce la dulzura del verdadero amor. Y, finalmente, el ensamble de todos los personajes de la obra en la escena final del gran mausoleo de las víctimas del licencioso Don Juan y la redención de éste gracias a la fuerza del amor. Una obra eterna, realizada con gran dignidad, con reducidos medios escénicos si bien atendiendo a criterios de funcionalidad; buen vestuario y ritmo. Otra de las originalidades de la puesta en escena estribó en el subescenario, lugar en el que algunos de los actores ocupaban alternativamente puestos ante el atril para tocar diversos instrumentos, llegando a constituir un grupo orquestal de siete músicos. En cuanto a la escena , cabe destacar la interpretación de Fernando Gil, como Don Juan Tenorio (de buena presencia, con algunos altibajos en su entonación y, en ocasiones, falto de un poco más de chulería, sin menoscabo de su buena actuación); Carlos Lorenzo, en el papel de Don Luís Mejía (asimismo de buena apostura, arrogancia y viveza); Luís Álvarez y Carles Montoliu, en los roles de Don Gonzalo y Don Diego (muy circunspectos); Sergio Gayol y Gorsy Edu, como Avellaneda y Capitán Centellas (desenvueltos y gráciles. Intérpretes de dulzaina y laúd); Sandro Cordero, como Ciutti, el hombre comodín del protagonista (con aire y gracejo); José Juan Rodríguez, como Compay (Butarelli), el tabernero y Yayo Cáceres, en el rol de escultor y como intérprete de acordeón. Entre las actrices destacaron Alba Alonso, en el convincente y dulce papel de Doña Inés; Trinidad Iglesias, muy bien puesta en su rol de Brígida (la Celestina de turno); Patricia Martínez, como Doña Ana de Pantoja y tornera y Rita Siriaka, como Lucía. En la parte musical: Marina Barba, al violonchelo y en el rol de Gastón y Cristina Bernal, al piano/órgano y en el rol de Abadesa. Resumiendo: Teatro del bueno dignamente representado, como gusta al respetable. Prolongados aplausos rubricaron la actuación.