Los clientes de prostíbulos y clubes de alterne de Pontevedra en particular, y Galicia en general, están reclamando recientemente prostitutas «exóticas», afirmó Ana Míguez, presidenta de la asociación Alecrín, para detallar que, por ese motivo, los proxenetas están aunando esfuerzo para traficar con mujeres asiáticas, sobre todo, de China. «Os clientes demandan mulleres de Asia, e en moi pouco tempo, aínda que xa temos alguna, as encontraremos», destacó Míguez.
Y la complicidad entre el proxeneta y el cliente es perfecta. La demanda del que paga el servicio de prostitutas es siempre saciada por los chulos. «Todos son os culpables da situación», recalcó la máxima responsable del colectivo que trabajan con prostitutas de toda la provincia. También reveló que muchos clientes están dispuestos a pagar más dinero por prostitutas que estén embarazadas.
Aunque el 95% de las mujeres que se prostituyen son extranjeras (mayormente de Brasil), también están apareciendo en el negocio chicas procedentes de países de Europa del Este y de África. De hecho, expertos que participaron en una mesa redonda ayer celebraba en el Café Moderno para debatir el tema de la prostitución, destacaron que las africanas son controladas, generalmente, por proxenetas africanos. Además, hay que sumarle al problema la presencia de rituales de vudú. «Non poden escapar do seu contorno polo vudú e as súas familias tamén están implicadas», apuntaron.
El mundo de la prostitución está controlado por las mafias, señalaron varias de las ponentes que participaron en el debate de ayer. Detallaron que mientras el crimen organizado de países del Este obliga a las mafias españolas a contar con un determinado número de mujeres en los clubes de alterne, proxenetas vinculados a la Asociación Nacional de Empresarios de Clubes de Alterne están abriendo prostíbulos en Latinoamérica.
Ayer, en el foro se denunció el aumento en el número menores de 18 años que llegan a España con documentación falsa en la que se constata que tienes 18 o más años de edad. En un testimonio, una mujer sueca afirmó que desde que se empezó a multar a los clientes y chulos la profesión es más peligrosa.