Caballos esposados en el lago de Castiñeiras

M.???G.

PONTEVEDRA

Media docena de caballos con potros paciendo en el lago de Castiñeiras, entre Marín y Vilaboa, podrían conformar una escena bucólica si los animales no se moviesen. Pero ayer por la tarde, un grupo de animales en estado semisalvaje evidenció nuevamente un caso de maltrato animal. Una de las yeguas, quizás la líder de la manada, no podía apenas andar y mucho menos correr en un momento de peligro, ni apartarse con la rapidez que requeriría el caso de encontrarse un coche en la vía pública.

El desdichado animal tenía las patas delanteras esposadas, una práctica ilegal perseguida por el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) y sancionable por la Medio Ambiente.

Un aro, aparentemente de hierro y disimulado con un plástico de color amarillo, rodeaba cada una de las pezuñas delanteras. Por si eso no fuese lo suficientemente denigrante, una cadena enlazaba ambos aros, de tal forma que el caballo apenas era capaz de levantar sus piernas y mucho menos apurar el paso o correr. La aparente mansedumbre del animal, o quizás su resignación ante este método de control impuesto por su amo, llamaba poderosamente la atención de las pocas personas que ayer frecuentaron el espacio natural.

Investigación

Con este sistema de esposas, quizás el dueño del animal intentaba disimular la dureza visual de las trancas, aparatos cuyo uso está perseguido por la Fiscalía de la Audiencia de Pontevedra y que encendió la polémica el pasado mayo.

El lago de Castiñeiras y el monte Gagán, en pleno corazón de O Morrazo, son un lugar donde es frecuente encontrarse con manadas o con ejemplares solitarios paciendo en el medio del monte o caminando por las carreteras y pistas forestales. La investigación abierta en su momento por el fiscal Benito Montero se centró inicialmente en el monte Castrove, al otro lado de la ría, pero la situación de los animales en O Morrazo también ha atraído la atención de las autoridades y de la opinión pública.

Cabe señalar que la semana pasada los vecinos del lugar de Pardavila, en Marín, encontraron a cuatro caballos en estado semisalvaje comiendo en sus fincas. Los vecinos los alojaron en una finca bajo la tutela del Ayuntamiento que, dentro del cometido legal de su protección, encargó un informe veterinario. El especialista dictaminó que uno de los animales, también una yegua, tenía una seria afección en una pata probablemente derivada del empleo de trancas. Desgraciadamente, el animal, junto con los otros tres, fue robado la madrugada del pasado sábado del lugar de su custodia, sin que le diese tiempo a poder ser tratado médicamente y recuperarse.

En sus declaraciones del pasado mayo, el fiscal de la Audiencia recalcó ya que los dueños que pusiesen obstáculos a la movilidad de sus caballos podrían, de ser identificados, ser acusados de presuntos delitos contra la seguridad viaria y por maltrato animal.