Crónica | Recorrido por las intervenciones de Kaldarte en Caldas Nueve de los diez proyectos que integran la edición de este año del Festival Cultura Quente se inauguraron ayer. Esta vez la temática fue libre y no faltó imaginación
07 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?aldarte, el proyecto de arte público del Festival Cultura Quente de Caldas, no tiene dieciocho años, pero con diez ya es mayor de edad. Nueve de los diez proyectos que conforman esta edición se inauguraron ayer en el tradicional recorrido interpretativo guiado por su comisario, Juan José Fuentes. La propuesta de Carme Nogueira, emplazada en las afueras del casco urbano, no llegó a tiempo para el estreno. Esta artista recupera el viejo avión-bar abandonado en una de las márgenes de la N-550 a su paso por Barro. Su objetivo fue introducir ese elemento en un callejón de la carretera de Santiago con la intención de provocar el mismo efecto. El resto de propuestas sí estuvieron listas para el paseo, en el que participaron, junto a varios de los autores, el alcalde, Juan Manuel Rey, la concejala de Cultura, Socorro Tobío, su antecesor en el cargo, Manuel González, la edila de Servicios Sociales, Begoña Castro, y técnicos municipales. La turca Nihal Mumcu eligió un árbol del parque-jardín para componer una especie de juego a base de piedras con impresiones fotográficas de partes del cuerpo de vecinos de Caldas. El comisario destacó el proceso de investigación que conllevó esta intervención. Finalmente, unas piedras recogidas del río Bermaña absorbieron los líquidos fotográficos. En el jardín, aunque también en el Campo da Torre o la Plazuela, se aprecian las Microestancias colgantes de Lucía Romaní. Se trata de simples hamacas situadas a distintas alturas. El mensaje, denunciar que cada vez es más difícil encontrar zonas públicas para el ocio y el descanso por la falta de confort del mobiliario urbano. Donde se ubicaba la «casa do punto», aparece el grafito de Tiñas y Brk192. Muy cerca, en la plaza de las Palmeras, vive el Cerebro con patas de Pelucas. El mercado provisional de la calle Real alberga la obra de Cristian Carballo. Un fallo técnico obliga a un pausa. Ante la atenta mirada de las placeras, arranca el montaje. Son cuatro minutos de videoanimación generada por ordenador con mucho mensaje: cómo nos hacemos consumistas desde bebés. Amaya González inundó Caldas de regalos envueltos con diferentes colores. Más de trescientas cajas al alcance de cualquier vecino. En la calle Real, Natalia Umpiérrez explica su obra: la transformación de un escaparate para provocar al espectador. «Está lo que me sale del alma, cosas que aborreces o que te encantan». No perdérselo de noche, con las luces. En el puente romano está Recuerdo de recuerdo de Caldas, la obra de Los émbolos. Esto es, Arberto Fojo y Jaime Olmedo. Un marco fotográfico para llevarse de recuerdo con sólo poner la cabeza en el agujero y apretar el botón. El recorrido concluye en el edificio del Centro Comarcal. Del techo cuelga el Sin patria, sin paisaje, de Juan Carlos Meana. Estandartes cruzados y banderas blancas en una búsqueda por la paz.