Praza da Ferrería José María Petisco estuvo ayer acompañado por su familia y autoridades civiles y militares en el acto de imposición del fajín que le acredita como general de brigada
21 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Por una vez, los sentimientos le pudieron en público. José María Petisco demostró ayer su lado más humano al recibir el fajín que le acredita como general de brigada de la Guardia Civil. Su discurso logró arrancar las lágrimas a sus familiares más próximos y un cálido aplauso del público asistente. Recordó a su madre, «que me dio el ser y que hoy sé que están sonriendo en el cielo», reconoció que su padre es la figura que más le ha marcado y agradeció a su mujer e hijas por su paciencia. Pero tampoco se olvidó de sus superiores, de sus subordinados -«que jamás escatimaron esfuerzos»-, de sus compañeros muertos en actos de servicio y de las distintas autoridades con las que ha compartido estos dos últimos años en Pontevedra. Petisco no fue el único que intervino en el acto de ayer. También tomaron la palabra el delegado del Gobierno en Galicia, Manuel Ameijeiras, y el general de operaciones y subdirector de apoyo José García Varela, quien destacó que el ascenso de José María Petisco «no es fruto de la casualidad», al tiempo que le recordó que en su nuevo destino en el País Vasco «debes ser ejemplo de virtudes militares». La otra despedida Como colofón a la imposición del fajín de general, la Guardia Civil invitó a los asistentes a un vino español con todas las letras. La ocasión lo merecía y es que ayer no sólo se despedía Jose María Petisco de los pontevedreses, sino también el cuartel de Loureiro Crespo. Ayer acogió su último acto oficial, ya que la nueva Comandancia de Pontevedra se inaugurará este lunes. El ya general de brigada quiso realizar «un reconocimiento especial a estas paredes», en un momento en el que se está llevando a cabo el «período de desalojo tras cumplir su función durante más de setenta años». Petisco estuvo arropado por su familia y amigos, como el subdelegado del Gobierno, Delfín Fernández Álvarez, o el comisario José Manuel Salgado. Clausura en Montero Ríos ?a decimoctava edición de la Feira do Libro cerró ayer sus puertas con un «éxito rotundo», según sus organizadores. El gran líder de ventas en todos los stands de la avenida de Montero Ríos fue La catedral del mar, de Ildefonso Falcones, que encabeza las listas de ventas en todas las ferias gallegas hasta el momento. Travesuras de una niña mala, de Vargas Llosa ha sido el segundo libro más vendido en lengua castellana. En cuando a las obras en gallego, Domingo Villar, Suso de Toro y Manuel Rivas han sido los líderes indiscutibles en todos los puestos de venta. Como broche final en esta edición, la Asociación de Libreros de Pontevedra entregó un galardón al escritor, editor y académico Víctor F. Freixanes, que cerró con este acto homenaje la Feira do Libro de este año.