A qué huele el sur

María Conde PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

Reportaje | Exposición en A Ferrería Pontevedra recibe la muestra sobre los aromas de al-Andalus, una exhibición que lleva diez años itinerando por el país y que han visto 2.70o.ooo personas

07 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?ontevedra sabe de olores -buenos y malos, Lores dixit-. Pero si hay una cultura con una aromática propia esa es la andalusí. Y todo este mundo de esencias y fragancias es el alma de la exposición que desde ayer se puede visitar en la carpa instalada por la Fundación La Caixa en A Ferrería. Este ambiente de fuertes sensaciones, según explicó ayer el secretario general de la entidad, Luis Reverter, introduce de la mejor forma al espectador en la vida cotidiana de un musulmán en la Andalucía de los siglos XI y XII, a través de los enclaves más importantes, el zoco, la mezquita, la casa y el jardín. «Se trata de explicar de una forma sencilla la vida cotidiana de la cultura andalusí -señaló-. Sin ella, España hubiera sido de otra manera. Como todas las culturas, somos hijos de una mezcla». Las esencias y las especias son las protagonistas del primer tramo del recorrido, que muestra la dimensión económica y social de un comercio que unió los puertos andaluces con el Extremo Oriente. «Las especias eran valiosísimas y los árabes cruzaban medio mundo para conseguirlas -añadió el secretario de la fundación-. Esta era una cultura hedonista y necesitaba estas esencias y, sobre todo, estas especias para almacenar la comida». De esta primera estancia, el visitante pasa al zoco, la primera visita diaria de los habitantes de al-Andalus. La reproducción habilitada en la carpa permite ver un mercado de frutas que los árabes completaron, por ejemplo, con la sandía, o el melón, y con hortalizas como las berenjenas y zanahorias. Reverter destacó en este sentido que la preparación de la muestra requirió de tres años de investigación, en colaboración con la Fundación de la Cultura Islámica, y que precisamente éste fue uno de los aspectos que se descubrieron, como también el hecho de que fue esta civilización la que trajo a España flores como el jazmín y las rosas. Del zoco a la mezquita, lugar de oración y encuentro -la muestra ofrece una réplica de una estancia de la de Córdoba-. Y ya por la tarde, la casa andalusí se convertía en un lugar de convivencia familiar y de recepción de amigos. Eso sí, en la comida, nada de hablar de política o dinero, algo que estaba muy mal visto; mejor la poesía. La jornada finalizaba en el jardín, ya a la puesta de sol, donde el olor a jazmín es otra de las señas de identidad. Selección de olores Los aromas de al-Andalus no son sólo los ambientales, contextualizados en su atmósfera correspondiente a través de un sistema que se patentó hace diez años con motivo de la inauguración de esta muestra y que ahora se utiliza en restaurantes como el de Ferrán Adriá. Además, una parte importante de la exposición la constituye la amplia selección de olores y perfumes básicos que conformaban la cultura andalusí. La muestra se completa con recetas sobre platos de la época: la preparación del cabrito o las albóndigas es heredera de esta etapa, como los pasteles de miel y almendras, incluida la tarta de Santiago. Un ejemplo más de la unión de ambas culturas, como subrayó la portavoz de la Fundación de la Cultura Islámica, Margarita López, quien afirmó que «podemos ver que el diálogo es posible».