En dos minutos | Richard Galliano El virtuoso acordeonista francés critica la rama «demasiado intelectual» del jazz y apuesta por el público espontáneo frente al especializado
22 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El francés Richard Galliano, que ha revolucionado la historia de la música con su reinterpretación del acordeón, ha estado en Pontevedra formando parte del Festival de Jazz. -¿Cómo resumiría su trayectoria como músico de jazz? - Empecé a tocar instrumentos a los dos años. Primero fueron el acordeón y el piano y luego el trombón. Descubrí de joven discos de jazz de los años cuarenta y me pregunté por qué no había músicos de acordeón. Ese fue el principio. El final: la New Mussette, jazz a la francesa con la particularidad del acordeón. -Su vida parece una búsqueda continua de algo, ¿lo ha encontrado? -Lo que encontré lo hallé en la salida, en la adolescencia. Mi música es de mezcla y siempre busqué lo práctico. El acordeón que tengo lleva conmigo desde los doce años. Para mí es una especie de alma. -¿Por qué el famoso dúo que formó con Michel Portal recibía el nombre de «Blow up» (inflar)? -Buscábamos un título relacionado con soplar y la discográfica nos propuso ése. Cuando era pequeño me gustaba pasar el tiempo intentando emitir un sonido con el acordeón que se pareciera al aire. Se trataba de una especie de búsqueda de sonidos entre el viento y el mar. Es algo que nunca habría hecho de adulto y que ahora me gusta repetir para recordar mi niñez. -¿Cuál es la faceta del jazz que más le horroriza? -La rama demasiado intelectual o, más bien, tramposa. La alejada de la armonía, el swing y la melodía. -¿El jazz es elitista? -No lo creo. Ni siquiera me gusta demasiado el público especializado. Prefiero tocar para gente que transmita sus emociones de forma espontánea. -¿Qué le parece el festival pontevedrés? -Conozco muy poco pero lo que más me interesa de un festival es la acústica del lugar y la reacción del público. En una ocasión toqué en Marruecos y nos encontrábamos desesperados porque la gente no aplaudía, incluso pensamos en suspender el concierto. Luego nos explicaron que se trataba de una reacción típica, propia de su cultura, pero que les había encantado.