Sacarse el carné será un poco más fácil

Martiño Suárez PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

Reportaje | Las dificultades de los discapacitados La asociación Amizade y dos autoescuelas ayudarán a conseguir el permiso a los pontevedreses con problemas de movilidad

19 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

?magínese que, para sacarse el ya de por sí caro carné de conducir, a usted le propusieran comprarse un coche, adaptarlo con pedales y mandos en el puesto del copiloto para que el profesor pueda darle clase y luego, entonces sí, hacer el examen. Hasta ahora, esta era una de las cosas que algunos discapacitados que deben utilizar silla de ruedas tenían que escuchar cuando se proponían conseguir el permiso. A partir de ahora, los pontevedreses que pertenezcan al colectivo de personas con problemas de movilidad, pondrán, al fin, de un vehículo en el que hacer sus prácticas. Se trata de una iniciativa de Amizade, una asociación de discapacitados perteneciente a la Confederación Galega de Minusválidos (Cogami), apoyada por las autoescuelas Galicia, de Pontevedra, y Garfield, de Vigo. La primera impartirá las clases teóricas: traerá a la capital provincial sus coches adaptados, los únicos en todo el sur del país. Sólo otro centro de A Coruña ofrece tal servicio en Galicia. «Antes sólo teníamos la opción de ir a Vigo. Es un gasto grande, y se pierde mucho tiempo en ir y venir», explica Joaquín Pesqueira, de Amizade. El campeón parolímpico de natación, Pablo Cimadevila, fue uno de los que más le insistió en intentar buscar una solución como la que se ha llevado a cabo: «A mí me llevaba mi padre a la estación de buses de Pontevedra, de ahí subía como podía a un autobús hacia Vigo, y en la misma estación me recogían los de la autoescuela», cuenta Cimadevila. Él se sacó el carné a la primera, «después de siete u ocho prácticas dobles, de hasta dos horas», por lo que no tuvo que invertir demasiado tiempo ni dinero. Sin embargo, cuenta, hay quien no tiene tanta suerte. «He coincidido con gente que vive, por ejemplo, en pueblos de Extremadura, y les ofrecían que se comprasen un coche, que lo adaptasen para autoescuela y que luego llamasen a un profesor que les diese las clases», explica Cimadevila. Pesqueira tampoco tuvo mala suerte cuando quiso sacarse el carné, hace veinte años. «Lo hice en el hospital de parapléjicos de Toledo. Era una de las actividades complementarias que te ofrecían: ellos lo costeaban todo, excepto las 3.000 pesetas de la matrícula. Ahora es más difícil, porque la gente ya no va a Toledo; hay otros hospitales, como el Juan Canalejo, que te asisten, y ya no hay esas actividades». La iniciativa de Amizade servirá para que los discapacitados pontevedreses y del área de influencia de la ciudad tengan una forma más fácil para poder montarse en un coche y conducir. Se llevará a cabo siempre y cuando se consigan grupos de trabajo de cuatro alumnos. Será entonces cuando Nicanor Álvarez Cabaleiro, de la autoescuela Garfield, traiga desde Vigo el automóvil adaptado. «¿Sigue con ese 205 colorado?», bromea Cimadevila. Carísimo Menos bromas caben cuando de lo que se habla es de adaptar un coche para que lo utilice una persona parapléjica. Comprar e instalar un cambio semiautomático y un volante doble para controlar el freno cuesta, según Cimadevila, «unas 400.000 pesetas», cerca de 2.500 euros. En el sur de Galicia, sólo Garfield, a través de su propio taller, puede hacer este tipo de manipulaciones en el vehículo. La cantidad se compensa malamente con las exenciones de los impuestos de circulación y de matriculación, y los descuentos de entre un 7 y un 14 por ciento que hacen muchas marcas. Los exámenes teóricos y los prácticos son iguales para los discapacitados y para quienes no lo son. Aunque Pablo Cimadevila detecta cierta «mano abierta» de los examinadores hacia personas como él, porque los condicionantes y las molestias son importantes: «Creo que cuando me examiné hice todo bien, pero algo abren la mano», dice. Otras dificultades Con todo, y pese a la iniciativa de Amizade, habrá gente para la que siga siendo complicado sacarse el carné. Pesqueira cuenta el caso de un chico que se ha interesado en los últimos tiempos por hacerlo. Padece dislexia, «y si le dicen que lleve el coche desde A Barca hasta el centro de Pontevedra, seguro que lo hace sin problemas. Pero si el examinador le pide que vaya a la derecha o a la izquierda, le va a ser difícil».