Profunda herida forestal

Enrique Valero DIRECTOR DE FORESTALES

PONTEVEDRA

Análisis | El sector, ante las nuevas perspectivas

03 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Asisto con profunda tristeza al anuncio de la renuncia a la instalación de la fábrica de tisú en Lourizán, comunicada por parte de los promotores, la empresa Georgia Pacific que, harta de esperar, de que le hagan la vida imposible, y estupefacta de los absurdos acontecimientos acaecidos, ha declinado construirla, yéndose con la inversión a otra parte. ¿Qué nos ha llevado a esta situación surrealista? ¿Somos ricos? ¿Nos sobra desarrollo económico? ¿Tenemos pleno empleo? Me consta que en origen la inquina viene en contra del eucalipto y de toda una polémica trabada a su alrededor que, como cualquier introducido en el sector sabe, fue fomentada en las décadas de los setenta por la industria forestal escandinava, en aquel momento motor de lo que luego ha sido el espectacular desarrollo económico de los países bálticos, temerosa de las potencialidades de una especie que podía truncar sus planes de dominar un sector, el forestal, que era, y sigue siendo, "cosa nostra" para ellos a nivel mundial. Empresas, por cierto, que son las que ahora plantan y transforman millones de hectáreas y metros cúbicos de madera de eucalipto en otras partes del planeta. Sin embargo, el mensaje caló muy hondo, hasta el punto de resultar muy difícil hacer mudar los prejuicios sobre esta especie a personas absolutamente serias y solventes de la sociedad. El segundo factor es el de una desgraciada ubicación de la factoría, realizada con criterios de la mitad del siglo pasado, contraria a cualquier principio de planificación territorial, y generadora de un grupo detractor, ciertamente poco representativo y relevante de nuestra ciudadanía, pero muy activo, que ha dictado los dogmas recalcitrantes y anacrónicos del no a la instalación o permanencia de la factoría, a cambio de ninguna alternativa. Otra realidad En mi opinión, la realidad es otra. Pontevedra es una ciudad que en su historia ha sufrido grandes pérdidas de recursos humanos, económicos y sociales, frente al resto de urbes costeras de parecida condición y de similar punto de partida en su desarrollo. Ahora, en lugar de buscar un sentido o hilo conductor que la polarizara, ¿por qué no?, alrededor de su tradición y potencialidad forestal, ha visto desmantelarse en un par de años una fábrica, la de Tafisa, no trasladada a Ponte Caldelas, como se nos quiere hacer comulgar, sino a Linares, y el proyecto de la segunda mayor fábrica de tisú de España. Esta se levantará en cualquiera de los múltiples lugares, donde, obviamente, será acogida con los brazos abiertos. Además, por desgracia, seguiremos intentando ir ahora a por la grande, la de pasta, estoy convencido. Lamentablemente, el tema es muy serio. Hoy ha circulado por los teletipos de todo el mundo que las autoridades locales de una pequeña ciudad semidesconocida de una esquina de Europa, han rechazado una inversión millonaria, generadora de empleo y riqueza, en un ambiente donde la deslocalización es la sombra lúgubre que planea sobre amplias áreas del viejo continente. En las bolsas internacionales los analistas han introducido este factor de rechazo al mercado y, consecuentemente, habrán recomendado a los inversores dirigir su dinero hacia otras partes del globo con futuro más pujante. Y otras iniciativas empresariales tacharán a Pontevedra del mapa de la inversión. Por la parte donde más me duele, los alumnos y egresados de la escuela, así como los posibles estudiantes del mañana, tienen un nuevo y tenebroso escenario. No van a ubicarse en una ciudad, dorsal de un sector forestal gallego pujante, sino en otra donde el tejido industrial ha desaparecido y los recursos de los bosques, habrán de ser transformados fuera de nuestra tierra, como le pasa, por ejemplo, a Mozambique o a Daomey, y se llevarán a Huelva, o a Navia, o a Uruguay, hasta que su transporte deje de hacerlo rentable. Nuestras masas arbóreas se abandonarán. No habrá fuentes ni itinerarios de empleo en la cadena que va desde la masa forestal al consumidor, pasando por la industria de transformación. La Universidad carecerá de estudiantes y Pontevedra se convertirá, probablemente, en una plácida ciudad dormitorio de Vigo, poblada de acomodaticios funcionarios, como yo. Entonces, le echaremos la culpa de nuestra decadencia a otros, siempre muy socorrido, y no podremos pedirle cuentas a los responsables, que ya no estarán en su cargo, ni asumirán nada, por descontado.