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Praza da Ferrería Cuntis acapara la Camelia de Oro y el mayor número de galardones en la cuarenta edición del Concurso Internacional, al que se sumó Japón
28 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Tan intimista y solemne como las ceremonias de té que hoy podrán conocer. Así fue ayer la inaguración de la 40 edición del Concurso-Exposición Internacional de la Camelia, una edición muy especial, que ha batido todos los récords de su historia. Los cultivadores de Cuntis acapararon el mayor número de galardones, entre ellos, el primer premio. Manuela Couso Ares se alzó con la Camelia de Oro con unas impresionantes flores. También de Cuntis es Leonor Magariños, primer premio en la categoría de camelia japónica rosa, roja o de otros colores; la mejor en las dos categorías de reticulata, y también primer premio de camelia híbrida jaspeada. La pontevedresa Mercedes Pita Mon, otra habitual ganadora con las flores de la finca Liñares, en Poio, se alzó con el primer premio de la camelia japónica blanca y con el de la jaspeada. Estaba tan satisfecha como Leonor Magariños, que posee más de novecientas variedades. «Llevo concursando 40 años: de jovencita, luego, de casada, con mis hijos, y ahora con mis nietos», manifestó Pita Mon. En híbrida blanca los premios fueron para Concepción Álvarez Fernández y Julio González-Babé Ozores, mientras que Isabel Guillermina Goicoechea presentó la mejor híbrida rosa y en el apartado de otras especies. Eusebio López Redondo ganó los dos premios especiales, el Antonio Odriozola y el que concede la Asociación Española de la Camelia. Pero como todos los aficionados saben, la llamada flor de las Rías Baixas, tiene su origen en el país del sol naciente. Y su embajador en España, Katsuyuki Tanaka, no sólo no quiso perderse la invitación del presidente de la Diputación, Rafael Louzán, sino que ilustró a todos los asistentes, entre ellos, Manuel Fraga, Ana Pastor o Javier Gago, sobre la grafía y el significado que en japonés tiene la palabra camelia. También se adentró en las tradiciones más ancestrales de los samurais. Y como dijo la ministra: «No sé si la camelia puede curar el cuerpo, pero sí sé que cura el alma».