Praza da Ferrería José María Márquez cuenta su experiencia de diez años en África llevando a cabo proyectos de desarrollo financiados por la oenegé Manos Unidas
07 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.La oenegé Manos Unidas montará hoy una mesa informativa en A Ferrería para dar cuenta sobre sus actividades de desarrollo en países del Tercer Mundo. Durante este fin de semana, todo el dinero que se recaude en las iglesias será para esta organización nacida en el año 1960 en seno de las mujeres de Acción Católica. Su delegado en Pontevedra, José Vidal, explicó ante los micrófonos de Radio Voz que este año están llevando a cabo la 45 campaña contra el hambre bajo el lema El futuro del mundo, compromiso de todos: globalicemos la solidaridad. Y para hablar de compromiso y de trabajo en países con necesidades, invitaron a un voluntario madrileño, José María Márquez Vigil, con una larga experiencia en África. Este hombre contó sus vivencias en el transcurso de la cena del hambre en San Francisco. Confiesa que tiene 39 años, «muy viejo para África pues en Malaui, donde estuve siete años, la esperanza de vida está en 37», matiza. Empezó como voluntario en La India, donde conoció a la madre Teresa de Calcuta y trabajó con sus religiosas. Luego se fue a África, colaborando durante diez años en proyectos de desarrollo. Licenciado en Ciencias Empresariales y con un trabajo «estupendo y bien remunerado», decidió hacer lo que le apetecía y «lo que en realidad nos gustaría a todos: ayudar a los demás». Su experiencia laboral le sirvió en su labor como voluntario. «Trabajé en la banca en Madrid y en Amsterdan, llevando temas de financiación de proyectos, haciendo que fuesen viables. En África hacía lo mismo: poner de acuerdo al obispo, a la congregación local, a los donantes y oenegés, en este caso Manos Unidas, a los jefes de los pueblos y al ministerio de salud local», explica con sencillez. Y de esa conjunción de acuerdos nació el proyecto Alinafe en Malaui, financiado por Manos Unidas y del que se siente especialmente orgulloso. Y no es para menos: 40.000 beneficiarios al año -20.000 pacientes, 15.000 vacunaciones y 5.000 huerfanos- además de pozos de agua, siembra de semillas para lograr una segunda cosecha y muchas cosas más. «En esa zona 1 de cada 4 niños no llegaba a los 5 años, y con la ayuda médica y la vacunación hemos cambiado la cifra». El proyecto lleva ya muchos años funcionando, de él han salido otros cuatro y se ha extendido por varios países. Ahora le llega el turno del regreso. «Conocí a una mujer holandesa estupenda que trabajaba también en una oenegé en África, allí nacieron nuestros dos hijos y el tercero acaba de hacerlo aquí. Y hemos vuelto por ellos. Pero han quedado voluntarios tan capaces como yo y ahora me toca realizar la labor de apoyo desde aquí para conseguir fondos», afirma. Y finaliza con una advertencia: «Muchas oenegés trabajan muy bien, pero otras están incorporando profesionales que son intermediarios y que desvirtúan la ayuda. He vistos algunos que viven en casas con piscina, tienen un cochazo y sueldos impensables», lo que no ocurre con Manos Unidas, como da fe. Y José Vidal remacha: «El 92,3% de lo que recaudamos se destina a proyectos en el Tercer Mundo. Sólo el 7,7 restante se va en gastos de administración».