La espera interminable

Marcos Gago Otero
Marcos Gago PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

En directo | Problemas en la sanidad pública El servicio de urgencias de Montecelo volvió a colapsarse el martes por la noche. Los pacientes y sus familiares esperaron a ser atendidos en unas instalaciones saturadas durante horas

17 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?l pasado martes por la tarde el servicio de urgencias del Hospital Montecelo empezó a mostrar síntomas de un claro colapso que se confirmó a primera hora de la noche y que se prolongó hasta bien pasadas las dos de la madrugada. Las horas más complicadas se vivieron entre las diez y las dos de la noche. Todo el espacio disponible en el departamento de urgencias estaba lleno a rebosar de pacientes, familiares y personal médico. En uno de los pasillos se llegaron a amontonar hasta cinco camillas. El personal se veía claramente desbordado, pero llegó un punto en que no había donde poner ni siquiera un alfiler. Algunos de los pacientes, con aparente insuficiencia respiratoria, permanecieron en los pasillos recostados en una cama durante horas, aunque eran más afortunados que los que, en una atestada sala de espera, se veían obligados a soportar el trasiego constante de personas. Urgencias ofrecía una amplia gama de dolencias y lesiones. Y los enfermos, al problema derivado de sus dolencias, tenían que añadir la búsqueda de una fórmula más o menos adecuada de matar, literalmente, el tiempo. Y la paciencia también se agotó para muchos. Una joven, cuya madre llevaba en una cama esperando durante varias horas a que le diesen unos resultados de placas, expresó lo que pensaban muchos. «¡Quen me dera poder facer fotos desta vergonza!», lamentó. «Non se poden facer», espetó otro. «Se tivera aquí un móbil con cámara xa veríamos que pasaba», replicó. Al menos quedaba el consuelo de que el personal sanitario hacía lo que podía y los trataba bien. Dos de la madrugada En la sala, una mujer aguardaba a que un pariente cercano fuese examinado. Como su caso al parecer no era de extrema gravedad, explicó, la habían hecho aguardar desde las tres de la tarde. Eran las dos de la madrugada y aún seguía allí. «O outro día atopouse mal e xa nin intentei vir -explicó resignada-, pero hoxe non quedou outro remedio e xa ves». Las camas sólo empezaron a quedar vacías sobre las dos de la madrugada. Acababa para la mayoría un maratón que empezó, en el mejor de los casos, hacía dos horas, y en el peor, casi todo el día. «Houbo xente que se foi a que o viran nun privado, porque aquí non hai forma», apuntó otro paciente. El problema es cuando no tienes a dónde ir o quien te lleve. Por su parte, el Sergas aseguró ayer que en esta época del año era habitual la «sobrecarga de trabajo» y achacó a la gripe gran parte del colapso, una gripe que, por cierto, no parecía ser la dolencia más común en las salas de espera del pasado martes. El mensaje tranquilizador del Sergas es que todos los paciente son tratados de forma rigurosa según su estado de salud o dolencia.