La ballena tiene estrés

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN

PONTEVEDRA

La Consellería de Medio Ambiente asigna un vigilante en Marín para controlar de forma permanente el comportamiento del animal y la proximidad de embarcaciones

27 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Anduriña se ha convertido en uno de los principales atractivos de Marín desde que hizo su sorprendente aparición el pasado 14 de febrero. Pero su prolongada permanencia en las aguas interiores de la ría y sus juegos frente al puerto han provocado una situación insólita para la Consellería de Medio Ambiente. Sus técnicos han detectado en este ejemplar de ballena yubarta ni más ni menos que estrés. La causa está, según la Xunta y el Cemma, en la persecución que varios curiosos han realizado del animal desde hace dos semanas. Y es que en los últimos días en el puerto se ha visto de todo, desde atrevidos intentos de buceo hasta la multiplicación de las chalanas que recalan en su interior. Todo por estar lo más cerca posible de la ballena. Por esta razón, y para evitar posibles riesgos, Medio Ambiente ha asignado una persona que se encargará únicamente de controlar los movimientos del cetáceo y de sus admiradores. La Xunta lo quiso dejar bien claro ayer. Molestar a la ballena marinense supondrá una posible multa que oscila entre los 6.000 y los 60.000 euros (entre uno y diez millones de pesetas). Además, la integridad física del curioso atrevido podría estar en riesgo si se acerca demasiado. Un golpe de Anduriña y se hundirá facilmente cualquier chalana o zodiac. Especie en peligro Muchos de los visitantes al paseo marítimo, desplazados a ese lugar para ver al animal, también se suman a las advertencias. «El otro día había una persona en una piragua y un balón dando vueltas alrededor de la ballena. Esto no se debía permitir», apuntó una vecina. Hay también quien piensa en ahuyentarla de la ría, porque tiene miedo de que no quede una lura en todo el puerto. Las iniciativas para guiarla fuera sólo han sido meras especulaciones. El cetáceo se encuentra sano, según afirmó ayer el Cemma, es una especie en peligro de extinción y elude cualquier intento de echarla de la ría. Mientras tanto, los marinenses siguen acudiendo desde al paseo marítimo para divisar, en un afortunado golpe de suerte, a la última yubarta vista en Europa desde 1990.