Cuatro vecinos de Ponte do Couto descubrieron hace una semana que sus viviendas llevan camino de ser un terraplén. Ahora, buscan piso en plena burbuja inmobiliaria
21 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Hace sólo unos días que el ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, apareció sonriente en las pantallas de medio país tras haber realizado con éxito un viaje de prueba a 350 kilómetros por hora en la nueva línea de AVE Madrid-Lleida, línea que entrará en servicio antes de que finalice el año. La sonrisa y el orgullo de Álvarez Cascos están justificados. El tren de alta velocidad está ya a sólo dos años de obras de Barcelona y a sólo cuatro de Francia o, lo que es lo mismo, del engarce con la red europea. Pero, bajo la sonrisa profidén propia de estas históricas ocasiones, subyace la intrahistoria que conllevan las grandes obras, la infelicidad de familias expropiadas que, muchas veces, no sólo pierden un solar o un terreno, sino incluso su propia casa. Es el caso de cuatro familias de Ponte do Couto, a la salida de Pontevedra hacia Salcedo. Enterados por los periódicos del estudio informativo del AVE, acudieron a verlo a la Subdelegación del Gobierno. Y allí se encontraron con la peor hipótesis. Antes de entrar en el pétreo edificio de la Alameda tenían una vivienda: al salir, su casa era parte de un terraplén del AVE Pontevedra-Vigo. Rápidamente, la asociación de vecinos se puso a funcionar y consiguió una entrevista con el subdelegado del Gobierno, Alejandro Millán Mon. Muchas incógnitas Pero la entrevista, aparte de servir de válvula de escape, no despejó muchas incógnitas. Creen que sus casas pueden estar afectadas, pero ignoran hasta qué punto y en qué medida. Nadie les ha explicado si podrán seguir viviendo allí si les tiran media casa o si podrán reconstruir la parte afectada en otra zona de la finca. Nadie ha puesto un técnico a su disposición para despejar dudas, si bien algunos de ellos piensan contratarlo y, luego, pasarle la factura a Fomento. Eso sí, por lo que les han dicho, han llegado a la conclusión de que, en el momento en que les comuniquen las expropiaciones, todo irá muy deprisa, a velocidad de AVE. En sólo un mes pueden tener las palas en lo que era su casa y, lógicamente, no quieren verse en la calle. Así que se han puesto a buscar piso, navegando contra la burbuja inmobiliaria, fiados a la vela de la hipoteca. Tienen que reconstruir sus vidas cuando la vivienda está por las nubes y nadie les ha informado de si tienen alguna ayuda municipal, autonómica o estatal. Tampoco les han dicho si gozarán de algún acceso preferente a una vivienda de protección oficial. En parecida situación se encuentran los vecinos de Ponte Sampaio, donde la asociación de vecinos Santa María ya barajó mover el actual puente metálico para salvar tres de las cinco viviendas afectadas. Para ellos el AVE también va muy deprisa, pero, lejos de sonreir como Cascos, han dejado alguna que otra lágrima suelta estos días. Es la intrahistoria del tren que viene.