Doscientos vecinos de Combarro impiden el derribo de una vivienda

PONTEVEDRA

RAMÓN LEIRO

La policía echó la puerta abajo pero desistió del desalojo ante la presión popular Como medidas de presión cortaron el tráfico en la C-550 y se subieron al tejado de la vivienda

10 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Pudo más la presión popular que el mandato judicial. Unos doscientos vecinos de Combarro evitaron ayer la ejecución del derribo de una vivienda situada a escasos metros de la costa, en las inmediaciones de la C-550 a su paso por A Pinela, enfrentándose a una docena de efectivos del Cuerpo Nacional de Policía y de la Policía Autonómica que tenían orden de desalojar la vivienda. Sin embargo, Manuel Rosal Doce, el octogenario que habita la casa que comenzó a construir hace más de cuarenta años, había conseguido alertar a un par de docenas de vecinos, que custodiaron el lugar mientras él permanecía encerrado dentro. A las diez de la mañana, todo se precipitó en un momento. Un vehículo había sido atravesado en la entrada de la finca para evitar el acceso de las máquinas. Cuando los agentes solicitaron que se retirase, la tensión acumulada explotó. Algunos vecinos cortaron el tráfico de la C-550 durante media hora, hasta que la Guardia Civil logró convencerlos para que ocupasen sólo uno de los carriles. Los ánimos se calmaron. Aunque sólo parcialmente. Una hora después, cuando los agentes ya se habían calado los cascos y empezaban a apartar a la gente que se había concentrado frente a la puerta de la casa, el número de vecinos, que habían acudido al lugar alertados por el repique de campanas con el que uno de los concentrados dio la alarma, se había multiplicado por diez. La policía logró, sin embargo, derribar la puerta, no sin que la acción costase antes a Teresa Vázquez, la cuñada del propietaria, una crisis cardíaca. La mujer fue trasladada a Montecelo, donde ingresó en la Unidad de Cuidados Críticos. Los médicos no tenían ayer por su vida. Fue uno de los momentos más tensos. Pero no el único. Insultos a la vecina que denunció la ilegalidad de la construcción y posteriormente solicitó la ejecución del derribo, empujones, lloros, amenazas y finalmente alegría al comprobar que los efectivos de la policía subían a sus coches y se marchaban con el mandato judicial que amenaza la vivienda. Los vecinos seguirán defendiéndola haciendo guardia por turnos frente a la finca para dar la alarma en caso de que vuelvan. El hijo de Manuel Rosal, Fernando, pidió sólo un poco más de tiempo. «Queremos ver si se puede hacer algo, porque la casa se comenzó a construir hace más de cuarenta años con todos los permisos», explicó para lamentarse a continuación: «aunque será una cuestión de fuerza, y ellos la tienen toda de su lado».