Una gran riada negra es el último suceso en la playa de Sanxenxo, que ha sufrido en apenas tres meses trasiegos de maquinaria, bombeos de arena y apariciones de huesos
09 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ha sido un auténtico annus horribilis para la emblemática playa de Sanxenxo. La riada negra que marcó este fin de semana sobre el arenal su última cicatriz no es más que el más reciente de los desafortunados incidentes que ha vivido la playa durante el verano. La pestilente agua que la lluvia arrastró el sábado y que creó un auténtico río que separó el arenal en dos mitades ha sido la última pesadilla para la imagen de un municipio que vive en gran medida del atractivo de sus playas. Sólo cuando se fue el sol y los veraneantes se marcharon a sus casas lejos del litoral, Silgar parecía volver por fin a la calma. Atrás quedaban dos meses de obras sobre la playa durante los que varias máquinas excavadoras compartieron espacio junto a toallas, cubos y sombrillas de bañistas que pugnaban duramente por huir de las zonas acotadas del arenal. Primero fue el trasiego de camiones cargados de arena procedente de la laguna de Antela, en el municipio ourensano de Xinzo de Limia, por pleno centro de la villa. Entonces fue necesario cortar el tráfico de varias calles en momentos puntuales, desmontar algunos de los balaustres de la barandilla del paseo marítimo para facilitar la descarga de arena, así como vallar una importante zona de la playa. Incluso un camión volcó cuando iba a proceder a la descarga. Parecía que la operación nacía bajo el signo del gafe. Arena sin supersticiones Pero como no hay superstición en el seno del equipo de gobierno local, el propio alcalde, Telmo Martín, agilizó los trámites para conseguir que el Ministerio de Medio Ambiente, responsable de las tareas de regeneración del arenal, autorizase una segunda fase dentro de los trabajos de recuperación de Silgar. Dentro de la partida de 1,8 millones de euros que el Ministerio destinó a la operación se decidió incluir la financiación de un cargamento diario de 2.600 metros cúbicos de arena transportada por vía marítima desde Portugal. Con la llegada del género luso aumentó la polémica. El barco que todos los días recogía en la desembocadura del río Mondego, en la localidad portuguesa de Figueira da Foz, la arena para dejarla después de una singladura de ocho horas en el fondo marino de Silgar necesitaba un despliegue complementario para poder bombear la arena hacia la costa. Los bañistas sumaron a las molestias que ocasionaban las palas excavadoras y las vallas que acotaban la zona de trabajo el despliegue de una enorme tubería que expulsaba una arena que no resultó ser del agrado de algunos turistas, que se quejaron de que pisar el nuevo fondo era como caminar sobre fango. Los técnicos de Medio Ambiente, que consideraron la regeneración de Silgar como una medida urgente para paliar el deterioro de la playa, cifraron que la arena depositada es la equivalente a la perdida en las últimas tres décadas. Los ecologistas, sin embargo, pronostican más veranos negros para Silgar. En su opinión, el problema de pérdida de arena que padece la playa no se suple con regeneraciones de urgencia, sino atacando la raíz del problema, que achacan a la proliferación de construcciones en el litoral que frenan las corrientes que nutren de arena a la playa.