Dos viudas residentes en San Caetano (Alba) podrían perder sus casas por el paso del tren de alta velocidad Piden a Fomento que dé marcha atrás y que no escatime recursos económicos y técnicos
15 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La Asociación de Defensa de los Afectados por el AVE de Alba y San Vicente (de Cerponzóns) volverá a reunirse el lunes para cerrar sus alegaciones al trazado de Fomento. A esa sesión no faltarán Josefina Viéitez Fernández y Carmen Pérez Gómez, dos viudas de San Caetano que perderán sus casas de toda la vida si no hay marcha atrás. No son los únicos perjudicados -hay otros en este lugar y en Leborei-, pero sí dos ejemplos de desesperación. En las escaleras exteriores de su vivienda, Josefina Viéitez subraya mientras hace callar a su perro que «hay que ser fuertes para luchar hasta el final», aunque admite que tiene pocas ganas y que confía más bien poco en la Administración. En diciembre se cumplirán doce años del asesinato de su marido, que trabajaba como taxista. «Entonces me prometieron muchas cosas y todo se quedó en nada -recuerda con ojos llorosos-. Incluso me visitó Fraga y el gobernador civil. Pero tuve que sacar adelante a siete hijos para que ahora, así de golpe y casi a escondidas, se lleven toda una vida». Esta mujer pide a Fomento que reconsidere el trazado y busque una salida que le cause menor daño. Carmen Pérez, acompañada de otros vecinos, se suma a la conversación. Su caso no es menos grave, comenta Hugo Catania, presidente de la asociación de afectados. También viuda y con una pensión «pequeñita» tiene a su cuidado a su madre y a una hija con una minusvalía del 93%. «Quieren echarnos de nuestra casa pero los vecinos formamos una piña -sostiene-. Somos gente humilde y esto no es ninguna broma». «De momento vamos despacio», tercia otra mujer. Carmen Pérez, que relata sus avatares diarios, dice que hay personas mayores que no quieren abandonar sus raíces por cuatro duros. «Ellos hablan del interés general, pero el interés de San Caetano también es general. ¿Dónde voy yo? -se pregunta entre lágrimas-. ¿A vivir debajo de un puente o en una tienda de campaña?». María Josefina Abraldes Ruibal, una de las más jovenes, pone calificativos a los estados de ánimo. «Aquí hay fiestas, pero no tenemos el cuerpo para nada. Estamos disgustados, casi depresivos, y queremos explicaciones, que los técnicos vengan, den la cara y hablen con nosotros». «Esto es mucho peor que lo de Praceres», apunta otra.