Peregrinos fuera de control

Martiño Suárez PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

«Por máis que apuramos, non demos chegado», dice Paulo, un veinteañero portugués, farmacéutico, en el albergue de peregrinos de Pontevedra. Está algo decepcionado, porque hoy, miércoles por la noche, le gustaría estar en Santiago, aguantando aglomeraciones, pero celebrando las fiestas del Apóstol. Pero, como los ciclistas, han llegado fuera de control. Después de días de masificación, el albergue vive una semana a media asta. La mayor parte de los peregrinos, explica Flora, una de las encargadas del local, intentan llegar a Santiago para vivir allí la noche de farra y la fiesta de la jornada siguiente. Así que aquí, en Pontevedra, sólo quedan en la víspera del día de Galicia dieciséis personas, vigueses, madrileños y, sobre todo, portugueses. Eso sí, en el albergue se respira un saludable ambiente de buen rollo. La gente se saluda a la entrada del edificio, y se habla como se puede con los visitantes de otros países. «Aquí vén xente de Portugal, sobre todo, e de moitos países de Europa. E moitos brasileiros, é curioso», se sorprende Flora. La semana pasada, el albergue, en el que hay sitio para que duerman cuarenta personas y que es totalmente gratuito, llegó a acoger a más de 150 viajeros. «Estaban por aquí pola recepción, en sacos», explica la cuidadora, haciendo gestos con las manos para narrar el amontonamiento que se vivió. Las cosas han cambiado, y esta noche estará en Santiago todo el mundo, o casi. El grupo de jóvenes portugueses se dispone a dar una vuelta por Pontevedra antes de echarse a dormir. Por esfuerzo no ha sido, cuenta Paulo, escoltado por Domingos, estudiante de urbanismo. Todos los que componen su grupo son de Lisboa, aunque empezaron a caminar en Ponte de Lima, bastante más al norte. «Saímos o día 21, e paramos en Rubiaes, aínda en Portugal, en Tui e en Redondela. Mañá dormiremos en Caldas de Reis, e chegaremos a Santiago o día 26». No han alcanzado a la capital de Galicia por haber salido tarde, cuenta Domingos: «Acabamos as aulas o día 21, e por moito que andamos, non demos chegado». A una chica madrileña no parece importarle demasiado la celebración: «Ya estuvimos un año», asegura, «y hay demasiada gente. Es un agobio, preferimos llegar cualquier otro día». No opinan lo mismo los peregrinos lusos. Alguien explica que ahora mismo se marchará a Santiago, al fiestorro jacobeo. Paulo contesta: «Si pero ti tiras do carro, tramposo».