Un estrecho marcaje

La Voz

PONTEVEDRA

SERXIO BARRAL / SERXIO GONZÁLEZ PERFILES

10 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Tiene aspecto bonachón y es afable en el trato, aunque huye de la prensa -y de los sindicatos- cada vez que puede. Pedro Soler Bordoy llegó a Pontevedra en agosto de 1998, y muy pronto los trabajadores del CHOP le pusieron mote: «Oso Yogui». Isleño de Felanitx (Baleares) y licenciado en Medicina por la Universidad de Santiago, venía avalado como un gestor competente: director de Atención Primaria en Mallorca, subdirector médico de un hospital de Burgos, director médico del Juan Canalejo (A Coruña) y gerente del Complejo Hospitalario Cristal-Piñor de Ourense. Llegó con ánimos de renovar una institución centenaria -el Hospital Provincial- y de llevar a cabo la unificación con Montecelo. Su primer anuncio, realizado el mismo día en que tomó posesión, iba por ese camino: «Los padres que lo soliciten podrán asistir al parto en los hospitales pontevedreses». Toda una declaración de intenciones que anunciaba que las cosas iban a cambiar. Sin embargo, el ánimo modernizador pronto se topó de bruces con unos sindicato que le sometieron a un estrecho marcaje. Por ejemplo, reformó el viejo despacho de dirección del Provincial, y le acusaron de haberse gastado una porrada de millones en su decoración -luego, a la vista del resultado, no se veía ese derroche por ningún lado-. Tres años y medio después, abandona Pontevedra para irse cerca, a Vilagarcía. Su sustitución parece un éxito de los sindicatos «más guerreros de toda la sanidad gallega» -como no se cansa de repetir el propio Soler, y alguna vez ha dicho también el conselleiro Cochón-. Si es un acierto o no, el tiempo lo dirá.