La primera excavación arqueológica del casco urbano halló los restos de un posible horno de piedra Una excavación arqueológica, cuyos resultados se han hecho públicos este mes, reveló datos inéditos sobre la vida cotidiana de los vecinos del Marín de los siglos diecisiete y dieciocho. Este estudio, dirigido por Franciso José Padín, se realizó en un bajo de la calle de Secundino Lorenzo, en pleno casco urbano, en la Navidad de 1999. La superficie investigada apenas llegó a los catorce metros, pero los arqueólogos sacaron a la luz los cimientos y suelos de dos casas, más de 400 trozos de cerámicas variadas, doce monedas de diferentes épocas, unas tijeras de costurera y materiales de pesca.
12 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El lugar de la excavación se situaba cerca de la iglesia vieja, el antiguo priorato y la ubicación aproximada de la villa romana de la calle Real. Los arqueólogos fijaron quince etapas históricas para el uso de este solar como vivienda. Los materiales más primitivos son de díficil datación. Francisco José Padín explicó que existen serias dudas sobre la identificación de varias asas de cerámica con la época romana. Pero según este mismo arqueólogo no hay datos suficientes para poder concretar un siglo para su fabricación. La mayoría de los objetos encontrados en este bajo proceden de los siglos diecisiete y dieciocho. Casi todos los restos de cerámica, incluidos dos cuencos enteros, son clasificables como loza de cocina. Padín indicó que existen evidencias de que Marín también participaba del comercio con Portugal, ante la gran cantidad de trozos de vasos, jarras y platos con influencia del país luso. Una de las piedras del enlosado resultó tener grabada una cruz en el lado que daba a la tierra. Los arqueólogos desconocen cuál era su uso. Padín considera que podría ser parte de la tapa de un horno de piedra para cocer pan. «Os fornos adoitan estar adornados con cruces e antes tiñan portas de pedra», explicó el arqueólogo. Esta hipótesis se vería reforzada por su aparición próxima a un trozo de muela de molino con signos de combustión. Las monedas son bastante irregulares y se corresponden con los valores más pequeños de sus épocas de circulación. Aparecieron en diferentes partes de la casa según se fue excavando. Por ejemplo, una pertenece al reinado del último rey de la Casa de Austria, Carlos II; mientras que otra es del primer Borbón, Felipe V.